Nueva lectura, nuevo viaje: la aventura de releer un libro


Por Enrique Benimeli
Post n.104 | Tiempo de lectura: 5 minutos

Estos últimos días de verano estoy aprovechando para volver a leer Getting Things Done. De hecho, no es la primera vez que releo este libro de David Allen; Organízate con eficacia en su versión en español. Pero no es ni la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que reviso la metodología GTD. Releer no es algo que suela hacer a menudo, pero tampoco es nada extraño. De hecho, es una práctica interesante por varios motivos. Alguno habrá que diga que releer no es productivo, que recorrer el mismo texto dos veces es una pérdida de tiempo. Disculpen que disienta; releer puede ser muy enriquecedor. Además, hay libros que habría que volver a leer casi por obligación.

Efectivamente, podemos volver a leer una obra simplemente por volver a disfrutar del viaje; por puro placer, por qué no. Nos apetece y nos ponemos a ello. Sobre todo, si se trata de ficción, es posible que nos apetezca volver a visitar algunos lugares o revivir algunos diálogos. Pero incluso, después de una nueva lectura de la obra, habremos vivido una nueva experiencia, como cuando volvemos a visitar una ciudad después de un tiempo y se trata de un viaje completamente distinto.

Releer un libro es leer una obra nueva. Nuestra madurez en una etapa determinada de nuestra vida, nuestras experiencias y los conceptos aprendidos entre una lectura y la siguiente influyen mucho en nuestra lecturas. No es lo mismo leer El Quijote con 16 años que hacerlo con 35. No somos la misma persona que hace una década. Por ejemplo, hace una década que leí Getting Things Done y todas las veces que lo he leído, ha sido con una perspectiva diferente, aprendiendo y aplicando los conceptos de un modo distinto y mejor. «Cuando uno se hace viejo, gusta más releer que leer», decía Pío Baroja.

También podemos releer una obra porque nos apetece hacerlo en otra lengua, quizá en su versión original. Es posible que durante el tiempo que ha pasado desde la última lectura hemos mejorado nuestra competencia lingüística en la lengua en la que el autor escribió la obra. Puede ser una buena oportunidad para capturar ciertos matices que no estaban presentes en la traducción del texto; o quizá simplemente queremos leer el libro en otra lengua con el único propósito de seguir practicando un nuevo idioma que estamos aprendiendo. Y conocer la obra de antemano ayuda en este proceso porque ya conocemos la historia que se desarrolla o las ideas que presenta.

Podemos releer un libro para asentar ciertos conceptos. Quizá no lo leímos «bien» la primera vez. Especialmente, si se trata de una obra de no ficción, por ejemplo de divulgación, releer puede ser una gran oportunidad para aprender bien aquello que pasamos por alto y que no supimos aplicar adecuadamente. En una nueva lectura de la misma obra podemos aprovechar para tomar notas. Además, el estado de ánimo que tenemos un día concreto puede determinar la cantidad de información que asimilamos. Si se trata de una novela o de poesía, también sucede algo similar.

A veces tengo la sensación de que vivimos un tiempo en el que lo nuevo, lo más reciente o lo que está de moda es siempre mejor. Leer el bestseller de moda, sin importar la calidad de la obra por supuesto, parece estar más valorado que releer, por ejemplo, un clásico. ¿Quién no ha leído alguna vez un poco más rápido el final de una novela por la impaciencia de saber cómo termina? Pues aquí esta la clave. Las primeras lecturas no siempre son las mejores. Precisamente porque sabemos lo que ocurrirá, porque conocemos el contenido o las decisiones que toman los personajes, podemos poner toda nuestra atención en otros aspectos de la obra como la evolución de los protagonistas o los detalles de una escena. Y en los libros de divulgación, haber leído la obra completa una vez nos puede permitir, en una segunda lectura, entender mejor la motivación inicial del autor o comprender mejor los primeros capítulos del libro que, en una primera lectura del texto, no habíamos asimilado correctamente.

Además, una segunda lectura seguramente no nos va a decepcionar. Si seleccionamos un libro para volverlo a leer, por algo será. Y la elección de una obra para una nueva lectura es una buena oportunidad para recordar aquello que una vez leímos y, de paso, revisar y organizar nuestra colección. Es posible también que una nueva edición del libro, una especial tal vez, sea lo que nos motive a dar el paso.

«Se debe leer poco y releer mucho. Hay unos pocos libros totales, tres o cuatro, que nos salvan o que nos pierden. Y, sin embargo, el lector se desgasta, se desvanece en miles de libros más áridos que tres desiertos». Esta es una frase atribuida a Nélson Rodrigues, periodista, escritor y dramaturgo brasileño. ¿Cuántos «libros totales» han influido de forma significativa en nuestra vida? Muy pocos, seguramente. ¿No merece la pena entonces releerlos? Menos es más.

Creo sinceramente que cada año habría que seleccionar de nuestras estanterías al menos un libro para releer. Y tú, ¿qué libro has releído o piensas releer? ¿Qué te motiva a hacerlo?

Organízate con eficacia | Amazon
Getting Things Done | gettingthingsdone.com

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