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Cómo ahorrar tiempo (III): menos perfeccionismo y más velocidad

Podemos aumentar nuestra productividad aplicando un buen método de organización. Seguramente, todos estemos de acuerdo sobre este tema, del que he hablado largo y tendido en este blog. Sin embargo, también podemos ahorrar mucho tiempo mejorando ligeramente algunas destrezas básicas o, simplemente, dejando de buscar la perfección. En ocasiones, la clave para ganarle unos minutos al día es muy sencilla que, una vez puesta en práctica, seguramente nos preguntamos cómo no habíamos caído antes en ello. Son muchas las pequeñas cosas que podemos cambiar para ahorrar tiempo. Por ejemplo, escribir mejor y más rápido con el teclado o, simplemente, ser menos estrictos y perfeccionistas. Y ambas cosas se aprenden

Tiempo de lectura: 3 minutos

Podemos aumentar nuestra productividad aplicando un buen método de organización. Seguramente, todos estemos de acuerdo sobre este tema, del que he hablado largo y tendido en este blog. Sin embargo, también podemos ahorrar mucho tiempo mejorando ligeramente algunas destrezas básicas o, simplemente, dejando de buscar la perfección.

En ocasiones, la clave para ganarle unos minutos al día es muy sencilla que, una vez puesta en práctica, seguramente nos preguntamos cómo no habíamos caído antes en ello. Son muchas las pequeñas cosas que podemos cambiar para ahorrar tiempo. Por ejemplo, escribir mejor y más rápido con el teclado o, simplemente, ser menos estrictos y perfeccionistas. Y ambas cosas se aprenden.

Esta la tercera entrega de la serie «Cómo ahorrar tiempo». Hasta ahora he compartido algunos consejos sobre:

5. Teclea mejor y más rápido

El tiempo es un recurso limitado y de gran valor. Por ello es fundamental aprender a ser más productivos en nuestro trabajo y aprovechar al máximo cada minuto del día. Una forma muy efectiva de lograrlo es aprendiendo a teclear más rápido y conocer algunos atajos de teclado. Es tan sencillo como eso.

Para empezar, debemos saber que hay una forma correcta de colocar los dedos sobre el teclado. La posición correcta de los dedos es crucial para maximizar la velocidad y precisión al teclear. Para ello, debemos colocar los dedos índices sobre las teclas F y J del teclado y el resto de los dedos deben reposar sobre las teclas adyacentes. Una vez que tengamos esta posición correcta, solo es cuestión de práctica y velocidad.

Se estima que la velocidad de escritura promedio para un adulto que utiliza un teclado QWERTY (probablemente el que estás utilizando) es de alrededor de 40 a 45 palabras por minuto (ppm), lo que equivale a unos 200 a 225 caracteres por minuto (cpm). Algunos profesionales podrían casi duplicar este valor. Si introduces en un buscador de Internet las palabras typing test, encontrarás multitud de herramientas online para medir tu velocidad de escritura.

Aprender a teclear bien y rápido tiene muchas ventajas. En primer lugar, nos permite escribir y enviar correos electrónicos, documentos y mensajes de manera más rápida y eficiente. En segundo lugar y no menos importante, nos ayuda a reducir el cansancio en las manos. Una forma incorrecta de teclear podría derivar en problemas en los músculos y articulaciones.

Además, conocer algunos atajos de teclado puede ser un extra muy útil para ser incluso más productivos. Los atajos de teclado son combinaciones de teclas que nos permiten realizar tareas de manera más rápida y eficiente. De hecho, suele ser más rápido que hacerlo a través de un menú utilizando el ratón. Sobre este tema escribí el artículo El cortapega productivo: de los atajos de teclado a Clipy (y una broma hecha realidad).

También te invito a echarle un vistazo a este juego que he creado recientemente con el que puedes poner a prueba tu velocidad tecleando. Puedes jugar con la temática sobre productividad y organización personal.

6. Abandona el perfeccionismo

Parece lógico pensar que la solución para obtener mejores resultados está en hacer algo mejor en términos de técnica, calidad, organización, etc. En general, es una forma de enfrentarse a un problema que suele funcionar. Pero paradójicamente, muchas otras veces la clave está en utilizar la estrategia contraria y no pretender siempre hacerlo todo con un 100% de calidad (según nuestro criterio, claro). Muchas veces basta con un 95%. Otras, con un 70%. No pasa nada por bajar un poco el listón. En ocasiones, menos es más.

Parece que el perfeccionismo se ha convertido en una virtud en el mundo laboral. Así se presentan muchos candidatos en las entrevistas de trabajo: «Yo es que soy muy perfeccionista», como una cualidad positiva. Sin embargo, ¿es realmente siempre un valor destacable? Abandonar el perfeccionismo puede ser la mejor decisión para desatascar nuestro trabajo y, de paso, reducir el estrés y la ansiedad.

A menudo, nos encontramos en la situación de querer que todo salga perfecto, desde un proyecto en el trabajo hasta una simple tarea del hogar. Pero la realidad es que la perfección está sobrevalorada y es un ideal inalcanzable. Quizá deberíamos sustituir la perfección por la más básica estrategia de hacer las cosas bien y con eficacia.

Es importante saber cuándo practicar el perfeccionismo y dónde hacerlo. Si algo no tiene un impacto significativo en nuestro trabajo o nuestra vida en general, no tiene sentido invertir ese tiempo y energía adicional.

Si quieres ser perfeccionista, hazlo aprendiendo a teclear mejor, por ejemplo.

Ilustraciones | Ahorro | Tecleando | Perfeccionismo

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