La navaja suiza de la productividad personal (I): información y aprendizaje


Por Enrique Benimeli
Post n.94 | Tiempo de lectura: 5 minutos

Cualquier entusiasta de la organización personal ha soñado en alguna ocasión con descubrir la herramienta ideal para ser más productivo. Sería aquella que lograra aunar en una única solución y de forma perfectamente integrada, las distintas aplicaciones y material de oficina que usamos a diario para sacar adelante tareas y proyectos de forma eficiente. Sería una especie de herramienta universal de la productividad que nos ayudaría a decidir y a hacer mejor que nunca las cosas correctas. Estaría tan optimizada que nos haría superefectivos en nuestras tareas diarias.

La navaja suiza de la productividad personal

Desafortunadamente no existe todavía esa herramienta perfecta. De momento nos tenemos que conformar con aprender a combinar de la forma más acertada posible los recursos que tenemos a nuestro alcance. Unas herramientas son físicas: material de oficina y otros utensilios de «baja tecnología» de los que siempre cuesta desprenderse, muchas veces por necesidad y otras simplemente por tradición. Porque quienes siguen fieles a su agenda de papel, lo hacen probablemente por costumbre, por nostalgia o por ambos motivos. Tienen un teléfono móvil que gestiona mejor sus compromisos, pero el ritual de renovar su agenda cada año es cuanto menos sagrado. Otros recursos preferimos gestionarlos digitalmente con la última aplicación del mercado, probablemente la que está de moda y a ser posible en su última versión.

Pero ponemos empeño; todo sea por la productividad. Y, no sin esfuerzo, orquestamos un sistema de organización, un engranaje con un punto artesano que hace que todo funcione: herramientas físicas y digitales trabajando en equipo, perfectamente coordinadas y sincronizadas, organizando nuestro trabajo cada día, como una especie de navaja suiza de la productividad. Y tanto nos ha costado idear el mecanismo que lo explicamos orgullosos en la Red, que es el mejor lugar donde contar estos asuntos.

Y ese es el motivo de este artículo: presentar la que sería mi navaja suiza de productividad. O al menos el kit básico de supervivencia para asuntos de organización personal. Si me preguntaran cómo empezar con la organización personal en general (y con GTD en particular), seguramente mencionaría los elementos que empiezo a presentar en formato serie en este blog. Empecemos por el primero de ellos.

1. Un libro de cabecera, un lector de feeds y una cuenta de Twitter

Son un tres en uno, porque de hecho hablan de lo mismo: de las fuentes de información, pero sobre todo de aprendizaje. Un libro de cabecera es fundamental. En la vida hay que leer de todo, pero siempre es buena idea tener a mano libros que traten del arte de la organización en sus diferentes facetas. Al fin y al cabo es algo que ponemos en práctica cada día y con lo que nunca acabamos de estar del todo satisfechos; muchas veces por no conocer las técnicas adecuadas en cada contexto. Y no será por falta de catálogo de libros para aprender sobre el tema. La organización personal y la productividad, por tener tienen hasta sección propia en las librerías; aunque también es cierto que a veces, para dar con el título en cuestión, hay que revolver un poco en los rincones de empresa, psicología o incluso autoayuda.

¿Mi recomendación?: entrar por la puerta grande con el clásico Getting Things Done de David Allen, en español «Organízate con eficacia». Y tras su lectura sugiero empezar con  «Productividad Personal: Aprende a liberarte del estrés con GTD®» de José Miguel Bolivar. En esta última obra el autor presenta de forma esclarecedora y entretenida las claves para comprender y exprimir los principios productivos que rigen la metodología GTD. Y para terminar de complementar estos dos títulos una propuesta interesante sería el binomio «Haz que funcione: Hoja de ruta hacia el éxito a través de la eficacia y la organización personal» y «Sé más eficaz: 52 claves para mejorar tu productividad en la vida y en el trabajo», ambos también de David Allen. Tener alguno de estos libros a mano siempre es una buena idea; como lo es releerlos de vez en cuando. Es de hecho la mejor de las herramientas.

¿Y qué hay del lector de feeds? No todo se dice en los libros y la Red tiene mucho que decir. Y un lector de suscripciones o agregador de feeds es fundamental para organizar nuestras lecturas de blogs que centran su interés precisamente en la organización personal. Lo conté en Ocho en punto y en dos partes. En la primera explicaba cómo planificar, buscar, seleccionar, suscribirse y clasificar. En la segunda os contaba los siguientes pasos: revisar, leer, comentar, compartir y desechar. Un proceso en 10 sencillos pasos. Sobre qué blogs recomiendo sobre organización personal, productividad y concretamente sobre efectividad, compartí recientemente el ranking OPTIMA LAB, donde podréis encontrar una buena fuente de recursos. ¿Y Twitter? De esta red social siempre digo que es una verdadera mina, si la usamos de forma eficaz, claro está. Allí se comparte, se opina, se debate y se establecen contactos profesionales muy interesantes. En definitiva: se aprende. Sería la tercera pata de esta terna de libros, blogs y redes sociales.

Fotografía «Navaja Suiza» | PublicDomainPictures en Pixabay
Fotografía «Engranajes» | ar130405 en Pixabay
Fotografía «Libro» | geralt en Pixabay

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2 Comments

  1. Uf, lo del libro de David Allen por descontado. Lo del lector de feeds, sí, pero no solo para temas de productividad. Es una pena que se usen tan poco. (De hecho leí primero este artículo en newsbeuter)

    En cuanto a lo de twitter, no, **nunca jamás** vuelvo por ahí. Lo he intentado muchas veces como para darle otra oportunidad.

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    • Hola Miguel. Gracias por tus comentarios. Me refiero a Twitter como fuente de información, de aprendizaje y como recurso para descubrir nuevas publicaciones. Y creo que ajustando convenientemente la herramienta, por ejemplo definiendo listas de cuentas, quizá es más sencillo centrarse en lo realmente importante, intentando filtrar la información para dejar fuera lo que sobra. Pero reconozco que en ocasiones Twitter puede resultar, digamos, complicado… 🙂

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