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Etiqueta: ideas

7 momentos para capturar

GTD® es un método de organización muy efectivo que define una serie de etapas que debemos seguir sistemáticamente. En realidad, aplicar este sistema a nuestro trabajo no debería entrañar mayor dificultad porque GTD® hace referencia a 5 fases que corresponden (o deberían corresponder) con el flujo natural de nuestro trabajo. Sin embargo, «subirse a la tabla» requiere cierta práctica. De nuevo, los hábitos salen a escena.

En cualquier área de responsabilidad que implique la realización de un trabajo por nuestra parte, el proceso natural (e ideal) sería recopilar (capturar) primero cualquier asunto pendiente. A continuación, deberíamos definir (aclarar) bien qué son esos asuntos que acaban de entrar en nuestra bandeja de entrada. Seguramente después intentaríamos organizar las tareas que hemos logrado detallar. El paso siguiente sería revisar (evaluar) nuestras tareas ya organizadas y reflexionar sobre ellas, para finalmente actuar en consecuencia y simplemente dedicarnos a hacer la tarea que más conviene en cada momento. Y esto, básicamente, es GTD®: capturar, aclarar, organizar, reflexionar y hacer.

Sobre el primero de los pasos he escrito varios artículos que os invito a leer:

Si he dedicado tantas líneas a esta parte del proceso es porque creo que es un hábito fundamental para lograr que el sistema de organización funcione. Si no capturas, no tienes nada. Capturar es el primer eslabón de una cadena en la que el orden y la disciplina son primordiales. Recopilar asuntos pendientes, capturar «cosas» puede parecer un paso trivial, pero también tiene su miga. También se puede capturar mal, sobre todo no capturando cuando deberíamos hacerlo.

Personalmente, el proceso de capturar lo tengo ya totalmente interiorizado. Lo hago de forma sistemática y prácticamente inconsciente. De hecho, hay distintos momentos durante el día en los que dedico un tiempo a recopilar; y me he dado cuenta de que son hábitos que he ido adquiriendo con el tiempo y que, afortunadamente, han decidido quedarse.

Cómo integrar Braintoss y Things para capturar (y solo capturar)

Si capturas, solo captura

El método GTD establece varias fases para la organización personal y la primera es capturar. Sobre este eslabón de la cadena escribí el artículo Capturar de forma efectiva: qué, cómo y cuándo, y también La bandeja y la recopilación consciente (GTD #10). Quizá quieras leer estas notas antes de continuar.

David Allen insiste sobre todo en la necesidad de separar completamente el proceso de capturar de cualquiera de los siguientes pasos. Es decir, si capturamos, solo deberíamos hacer exactamente eso, capturar, y no hacer nada más con el elemento que añadimos a la bandeja de entrada. Ya tendremos oportunidad de definirlo en otro momento. La serie de pasos en GTD es precisamente lo que hace que el método sea muy robusto y seguro.

Las apps para organizar el trabajo en listas de tareas suelen incluir una bandeja de entrada con la función de poder capturar en ella cualquier elemento. Por ejemplo, Things, que es la aplicación que utilizo para gestionar mis tareas, integra una bandeja de entrada que permite ir añadiendo cómodamente nuevas ideas, tareas, notas, cosas… (porque ya aclararemos más adelante qué son). Sin embargo, cuando uno abre la aplicación para capturar, puede caer en la trampa de jugar con el resto de funciones que incorpora (y que además son visualmente muy atractivas) para etiquetar el elemento, moverlo a una lista específica, planificarlo para un día en concreto, etc. ¡Error! Si hacemos algo más que capturar, estaremos mezclando etapas diferentes del sistema y no estamos aplicando el método como deberíamos. En consecuencia, el engranaje GTD no funcionará; y estaremos haciendo otra cosa que no es GTD.

Capturar de forma efectiva: qué, cómo y cuándo

Capturar es un concepto importante en el ámbito de la organización personal. Es un proceso fundamental de la cadena en algunos métodos de productividad muy extendidos como GTD. De hecho es el primer eslabón. Por dar un primera definición, podríamos decir que capturar es anotar aquello que nos ronda por la cabeza (y que muchas veces nos distrae) y que sabemos que potencialmente puede convertirse en un elemento de nuestra lista de tareas. Y es importante insistir en que capturar no es añadir una nueva tarea en nuestra lista de cosas que hacer.

Todo el mundo captura, aunque no le hayan explicado que tal cosa existe como un proceso bien definido. Aunque capturar es algo que también hacemos inconscientemente, y cada uno a su manera probablemente, es fundamental darle un sentido, entenderlo como parte de un proceso global y, en definitiva, hacerlo bien. Todos capturamos o recopilamos información a lo largo del día, pero siempre es una buena idea conocer unas buenas prácticas para hacerlo mejor si cabe.

¿Qué es capturar bien?

Cuando capturamos no deberíamos detenernos demasiado en los detalles. El cuándo, el cómo o el por qué, no son una prioridad en esta fase de captura. Simplemente nos centramos en el qué; solo en esas cosas que sabemos que están en nuestra cabeza y que seguramente tenemos que hacer. Es una de las ideas clave en GTD: vaciar la mente tareas pendientes e incompletos.

El objetivo principal en este paso es recopilar o reunir información. Por tanto, no deberíamos invertir demasiado tiempo en registrar la idea que nos viene a la cabeza; de hecho, ni siquiera hace falta encontrar un verbo adecuado que describa exactamente cómo debemos completar esa tarea pendiente (si es que finalmente lo es). Simplemente bastaría con anotar algunas palabras clave que nos den algunas pistas sobre lo que acabamos de escribir, eso sí, con un grado de detalle suficiente como para no pasar horas más adelante intentando descifrar lo qué quisimos decir cuando lo registramos; (como sucede cuando anotamos algo con mala letra sobre papel y luego no hay manera de desentrañar…).

Un segundo alto en el camino: 100 artículos sobre organización personal

He decidido escribir este artículo sin darle demasiadas vueltas. Normalmente, cuando empiezo a redactar un artículo, parto de una estructura previa o de una idea inicial más o menos elaborada. Y a partir de ahí voy tirando del hilo, me dejo llevar y adonde me lleven las palabras, que buen sitio será. Pocas veces estoy satisfecho con lo que escribo; pero supongo que eso siempre es una buena noticia.

Artículo a artículo hemos llegado a cien. Juntos, porque tú me lees al otro lado. Y precisamente porque uno puede celebrar cuando buenamente le apetece, yo he decidido hacerlo al llegar a este punto. Podría haberlo hecho con motivo del anterior o del siguiente post; sin embargo, si ya hice «un alto en el camino» para presentar «50 artículos sobre organización personal» ¿por qué romper ahora la serie? De hecho, pongámosle un título similar. Como decía, sin pensarlo demasiado.

8 horas y 8 minutos de organización personal, productividad y tecnología

Quizá alguien ha aterrizado por primera vez en este blog. En tal caso, bienvenido. Para quienes llegan nuevos a este espacio y para aquellos que no han tenido oportunidad de leer todos los artículos, os cuento que aquí hablamos (porque puedes contribuir con tus comentarios) de organización personal, de productividad, acompañados del elemento tecnológico, que de algún modo siempre acaba asomando la cabeza en el texto.

Clac, clac, clac: nostalgia por aquellas máquinas de escribir tan productivas

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que tecleaste algo con una de aquellas Olivetti? Y para no pocos lectores quizá la pregunta sea si han utilizado alguna vez una máquina de escribir. En la historia ha habido marcas míticas. Muchos escritores, lógicamente las utilizaron. Isaac Asimov escribía con una IBM Selectric y dicen que tenía una en cada uno de sus apartamentos para no tener que cargar con ellas. Ernest Hemingway utilizaba una Underwood Noiseless Portable. Agatha Christie empleaba una Remington Home Portable No. 2. para escribir sus novelas y la escritora Danielle Steel sigue escribiendo actualmente con una 1946 Olympia manual. Merece la pena leer un post suyo de 2011, «21st Century», lamentándose de sus problemas con la tecnología moderna.

Y cuando hablo de estas máquinas de escribir legendarias, me refiero a los modelos mecánicos, porque con el tiempo fueron apareciendo versiones electrónicas, algunas con diminutas pantallas e incluso con opción de borrado. En cualquier caso, creo que todo el mundo ha oído hablar o al menos ha tenido la oportunidad de ver una máquina de escribir, aunque haya sido en el trastero de una familiar o en alguna película. Todo el mundo está de acuerdo en que algo tienen de especial.

Ahora estas máquinas deben caer seguramente en la categoría vintage. Apostaría lo que fuera a que todavía hay algún nostálgico que las utiliza. Y para los nostálgicos es este artículo. La máquina y tú. Escribir y solo escribir. ¡Clac, clac, clac!

Máquinas de escribir con limitaciones… muy productivas

En la actualidad estamos ya más que habituados a utilizar un procesador de textos en nuestro ordenador. Con él podemos crear documentos utilizando un catálogo casi infinito de tipografías, diferentes tamaños de letras y variedad de colores. Y podemos componer el texto de mil formas: a doble columna, con el texto en cualquier dirección, etc. Y todas estas funcionalidades son precisamente la trampa productiva de los procesadores de texto.

Nada de esto era posible con las antiguas máquinas de escribir y, sin embargo, tenían su encanto. De hecho, si por casualidad nos encontramos con una, no podemos evitar la tentación de teclear con ella. Será el ruido: ¡clac, clac, clac! O será la letra imperfecta impresa en el papel a golpe de tipos. Curiosamente, no las recordamos negativamente, destacando sus limitaciones. ¡No podíamos borrar! (al menos con los primeros modelos).

Con la máquina de escribir no era posible rectificar lo que ya había sido impreso en el papel, así que no quedaba otra que pensar bien lo que se iba a escribir. Cada pulso de tecla era definitivo. Insisto: había que pensar bien antes de escribir… ¡Qué pronto perdimos esa buena costumbre! Y qué pronto la reemplazamos por una peor: escribir y rectificar, en bucle, aplicando la técnica de prueba y error. Lo que en principio iba a ser una virtud en los procesadores de textos informáticos, al final creo que ha terminado siendo un obstáculo. Al menos, si nuestra tarea es exclusivamente la de redactar un texto, no estoy demasiado seguro de que escribir con Microsoft Word o un programa similar sea mucho más productivo que utilizar una máquina de escribir.