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Ocho en punto

Somos lo que hacemos día a día: 8 claves para definir nuestros hábitos

Tiempo de lectura: 5 minutos

Enero es tiempo de muy buenas intenciones. Son populares los propósitos de Año Nuevo, esos que empezamos a dejar de cumplir el día 3. En general, el comienzo de cualquier periodo suele ser una buena excusa para proponernos el reto de empezar nuevos hábitos. Sin embargo, la frustración no suele tardar en llegar. La falta de claridad y planificación en nuestros propósitos, la rigidez y el exceso de disciplina o simplemente la (mala) elección del día para empezar, suelen provocar que abandonemos cuando apenas habíamos empezado.

Decía Aristóteles que somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito. Por tanto, nuestros hábitos, malos o buenos, nos definen. De ahí la importancia de hacer bien el trabajo de definir bien nuestros hábitos.

Traigo algunas reflexiones sobre los hábitos que suelo tener en cuenta cuando elaboro una lista, no de propósitos, sino de buenos hábitos que me gustaría introducir y de otros que quisiera mantener o mejorar.

1. Ten un motivo

En primer lugar, debemos tener claro el motivo. ¿Por qué queremos incorporar un nuevo hábito? ¿Realmente es recomendable? ¿Es solo una moda? La propuesta de una nueva lista de hábitos para este año debería surgir de nuestra propia reflexión, pensando bien en qué queremos mejorar. Sin embargo, es bastante habitual buscar la inspiración en alguna lista infinita de esas que circulan por Internet cada 1 de enero y tener la tentación de introducir todo lo que en ella aparece. Ante todo, moderación. Quizá esa propuesta de hábitos ajena no está hecha para nosotros.

Como ilustra esta obra de PJ Milani, ganarle la partida a algunos aspectos de la vida depende de tus hábitos.

 

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2. Pocos y poco a poco

Es recomendable hacer una lista razonable de los hábitos que queremos introducir o de aquellos que nos gustaría seguir mejorando. En este caso, se cumple la máxima de menos es más y limitar la cantidad de nuevos hábitos evitará muchas frustraciones. Mejor empezar con unos pocos hábitos, nunca los más difíciles. Además, conviene ir incorporándolos de forma progresiva: uno nuevo cada semana, o cada mes, dependiendo del tipo de hábito.

De uno en uno, como recuerda esta ilustración de Mounika.studio.

3. El orden importa

El orden que seguimos para incorporar nuevos hábitos importa. Por eso es fundamental disponer de una lista completa de los hábitos que queremos desarrollar. Tenerlos todos a la vista nos permite planificar bien la secuencia más efectiva. Como comentaba, empezar con los más difíciles no parece una buena idea. Si queremos introducir un par al principio, podemos valorar qué dos hábitos son los más compatibles y presentarán menor dificultad a la hora de llevarlos a cabo juntos.

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22 microhábitos de 2 minutos

Tiempo de lectura: 2 minutos

Si no te atreves con nuevos hábitos, prueba con microhábitos. En ocasiones no hacen falta más de 2 minutos para progresar en cuestiones de organización, aprendizaje, salud, productividad, etc. Con pequeñas acciones y sencillos gestos puedes avanzar más de lo que crees. No subestimes el valor de 120 segundos.

Aquí tienes una propuesta de 22 microhábitos que puedes incorporar en tu día.

  1. Escribe tus intenciones del día. Empezar la jornada con dejando por escrito algunos propósitos es la mejor forma de empezar. Atención: intenciones o propósitos que puedes cumplir hoy, no tareas de trabajo.
  2. Haz estiramientos durante un par de minutos, sobre todo cuando lleves mucho tiempo sentado.
  3. Organiza las apps y las fotografías del teléfono móvil. Haz limpieza. Vacía de mensajes los chats de grupo. O archívalos.
  4. Organiza tu escritorio al final del día. Si no lo logras hacer en 2 minutos, significa que no lo estás haciendo cada día.
  5. Mantén bien ordenadas las carpetas de tu ordenador cuando las estés creando o utilizando. No caigas en la trampa de crear una carpeta con el nombre “Para ordenar”.
  6. Cambia un poco la ruta para llegar a algún sitio, aunque tardes dos minutos más. No sé por qué, pero este hábito tiene un curioso efecto.
  7. Revisa tus tareas diarias al final del día, sobre todo las que has completado. Disfruta de la satisfacción de ver el trabajo realizado.
  8. Define las 3 tareas más importantes del día. No deberías tener muchas más.
  9. Lee unas líneas de texto durante 2 minutos. Es solo una excusa para leer un libro, una revista o un artículo. Seguramente sigas; solo necesitabas empezar.
  10. Dedica 2 minutos a estar en silencio. O escucha una canción. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste alguna de estas dos cosas?
  11. Limpia durante 2 minutos una estancia de la casa. Si te apetece, aplícalo al resto de estancias. Un poco de orden en sitios distintos ya es un progreso. También puedes ordenar un cajón.
  12. Comparte en las redes sociales alguna idea, pensamiento o recurso. Granito a granito se construye una comunidad. Internet también tiene su lado positivo.
  13. Memoriza dos o tres nuevos atajos de teclado para ser más productivo.
  14. Revisa tu agenda del día. ¿Cuánto tiempo libre tienes hoy? En 2 minutos puedes ingeniártelas para liberar tiempo.
  15. Aprende algo nuevo en 2 minutos. Puedes aprender algunas palabras nuevas en otro idioma. Incluso te da tiempo a ver dos vídeos de Pau García-Milà.
  16. Haz esa llamada que tanto se resiste. No duele; son los dos minutos.
  17. Organiza tus contactos: en tu móvil o en tus redes sociales. Sobre todo, elimina.
  18. Revisa tu bandeja de entrada. En 2 minutos puedes tirar y archivar más de lo que crees.
  19. Revisa tus suscripciones a blogs y podcasts. Selecciona con criterio y marca para leer o escuchar después. Estos contenidos tienden a acumularse.
  20. Elige cada día algo para reciclar, donar o tirar. Deshacerte de cosas puede ser liberador.
  21. Escanea documentos que quieras mantener digitalizados (posiblemente para tirar los originales en papel).
  22. Entra en Ocho en punto para ver si hay algo nuevo. Puedes seguir las novedades en Feedly, Twitter, Instagram, Facebook y Telegram. Son 2 minutos.
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El «gen» de la productividad: 40 cosas que hacen (y no hacen) las personas superefectivas

Tiempo de lectura: 3 minutos

Una persona productiva es aquella que, teniendo que trabajar para vivir, consigue tener tiempo libre para su familia, para sus proyectos personales y para el ocio. Es la definición más acertada de persona productiva que puedo imaginar.

Algunas personas son para mí un referente, por su estilo y actitud ante el trabajo, por el modo en que gestionan sus tareas, por su claridad de ideas o por su capacidad de aprendizaje. ¿Cómo consiguen finalizar con éxito tantos proyectos, no solo profesionales, sino también personales?

La persona productiva se siente satisfecha, no por haber terminado su trabajo eficientemente, que también, sino porque su forma de trabajar le permite disfrutar de su tiempo libre.

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25 cosas que matan la productividad

Al cabo del día hacemos muchas cosas y dejamos de hacer otras tantas que dificultan nuestro trabajo diario y no nos dejan avanzar al ritmo que deseamos. Algunas son difíciles de evitar; otras las permitimos sin más. Pensaba el otro día que la lista es infinita, pero que sería interesante compartir algunos ejemplos de malos hábitos o prácticas que matan nuestra productividad.

Cuestión de principios: 14 ideas para el trabajo diario

Tiempo de lectura: 4 minutos

«Estos son mis principios y, si no le gustan, tengo otros». Esta frase atribuida a Groucho Marx (leyenda urbana, por cierto) seguramente la comparten quienes, según sopla el viento, reemplazan sin pestañear unos principios por otros. Es cierto que nuestras reglas para la vida cambian a medida que crecemos, pero traicionar nuestros principios por un interés particular no es el camino.

Yo intento que una serie de ideas me acompañen cada día. Tres o cuatro incluso por escrito. Para mí es importante tener presentes ciertos principios y consejos. No siempre lo consigo. Unos pocos son fruto de la experiencia, sobre todo de los errores; otros son sabias recomendaciones de personas que saben muy bien de lo que hablan.

A veces trabajamos por inercia y ponemos todo nuestro empeño en mejorar la forma en que hacemos una determinada tarea, bien para ser más productivo o bien para que encaje mejor en el resultado que alguien espera de ella. Sin embargo, no pensamos si esa tarea que tenemos entre manos la estamos haciendo según nuestros estándares, según nuestros principios. Ni siquiera nos planteamos si realmente debería estar en la lista de cosas que hacer. Como siempre se ha hecho así…

Antes de tomar decisiones sobre cualquier asunto, podemos contar hasta diez y hacer un repaso mental a nuestros principios. Antes de convocar una reunión, antes de escribir un texto, antes de desaprovechar un par de minutos, antes de entrar en tus redes sociales, antes de ponerte con una tarea «urgente», antes de cambiar de herramienta, antes de refunfuñar o antes de improvisar, revisa tus principios.

Los que comparto aquí son recordatorios en segunda persona, porque así pienso en ellos cuando tengo una reunión conmigo mismo para revisarlos. Comparto aquellos principios, máximas y consejos que guardan relación con el tema de este blog: trabajo, organización y productividad. Y son personales, pero quizá sirvan a alguien para elaborar su propia lista.

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