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Mes: agosto 2018

Tuitea al instante y sin distracciones con TweetShot

Que las redes sociales son una fuente de distracción es indiscutible. Desde luego, bien utilizadas, son herramientas muy potentes y de gran utilidad. Pero no nos engañemos: una vez dentro, cinco minutos de breve consulta pueden convertirse en media tarde perdida. Twitter, Facebook, Instagram, cualquier de ellas tiene el peligro añadido del scroll infinito.

Dedicar un tiempo a las redes sociales está bien. Con unos límites de tiempo razonables, no hay nada malo en ello. De hecho es un hábito bastante recomendable establecer un tiempo máximo, o incluso una hora del día determinada, para asomarse a nuestros timelines, ver cómo está el patio y saber qué ha pasado en el mundo.

Tres modos de visitar las redes sociales

Atendiendo al modo en que utilizamos las redes sociales, identifico tres momentos diferentes cuando accedemos a una determinada red social. Y todos hemos sido protagonistas al menos de los dos primeros.

  1. Solo-lectura. Son esos momentos en modo espectador (o fisgón). Entramos en Twitter, Instagram o cualquier otra red social con el único objetivo de echar un vistazo y/o curiosear.
  2. Lectura-escritura. Son momentos en los que revisamos nuestro timeline pero también interactuamos con otras cuentas. Somos partícipes de lo que «allí» sucede aportando información o cualquier tipo de comentario.
  3. Solo-escritura. A veces solamente queremos decir algo o compartir un recurso, y este sería el momento en cuestión: aquel en el que entramos en nuestro perfil simplemente para tuitear algo, para compartir una story o para publicar algo interesante (o no) con nuestros contactos de Facebook.

Los dos primeros momentos son las formas habituales de interactuar en redes sociales: leemos y/o participamos. Pero me interesa especialmente el tercer tipo, cuando lo único que queremos es entrar en la red social para compartir. Acceder y publicar. Sin más. ¿Es posible?

El lenguaje GTD: primeras palabras clave (GTD #4)

En el primer capítulo de Getting Things Done®, David Allen va introduciendo algunos conceptos y palabras clave que más adelante, en capítulos posteriores, se desarrollan en profundidad, con todo el nivel de detalle que requieren y merecen.

Para quienes estamos haciendo una nueva lectura completa del libro, resulta especialmente interesante encontrarse con estos conceptos en una primera etapa en la que simplemente aparecen para ser presentados. En las primeras páginas ya se dan muchas claves, no solo de la esencia de GTD® sino también de la denominación particular de cada componente en este método de organización personal.

Es fundamental comprender bien el significado de los términos específicos que aparecen de forma recurrente en el texto. Finalizado el apartado del libro dedicado a la administración eficaz de compromisos, David Allen ya ha desvelado muchas de las claves del sistema, utilizando palabras concretas, algunas comunes, pero que en el contexto de GTD adquieren un matiz diferente. Y no son pocas: «mente como el agua», compromisos, frentes abiertos, «cosas», recopilación, proyecto, resultado, acción, transformación, decisión, recordatorio, control, relajación, concentración, etc.

David Allen presenta estas ideas en el primer capítulo, insistentemente una y otra vez en distintos párrafos, supongo que con la intención de reforzar su significado. Me propongo sintetizar algunos de estos conceptos, sin profundizar demasiado en ellos, y tratando de dar una primera definición de cada uno. Veremos que muchos están relacionados y parecen referirse a la misma idea, pero hay pequeños matices que justifican el uso de diferentes palabras.

Un alto en el camino: 50 artículos sobre organización personal

De vez en cuando conviene detenerse un instante para contemplar el camino recorrido. En términos de organización personal, estar pendiente del siguiente paso, decidir cuál es nuestra próxima acción, es fundamental. Pero también lo es echar la vista atrás y analizar el trabajo realizado. Hacer balance en algún punto también nos da perspectiva para continuar con un proyecto en una nueva etapa. «La parada es parte del camino», dijo alguien alguna vez.

Este blog es uno de tantos proyectos y, como tal, conviene también detenerse un momento para hacer revisión. Y qué menos que dedicar unas líneas para analizar precisamente lo publicado hasta el momento. Pero solo una pausa en forma de post, porque en un par de días el blog sigue su ritmo habitual. Un merecido punto y seguido. Son 50 los artículos publicados hasta la fecha. La decisión de detenerme un instante tras 50 publicaciones es completamente arbitraria. Podría haber esperado y hacer revisión tras 77 publicaciones o hacerlo mucho antes en la 37. Sin embargo, por alguna razón, parece que 50 es un buen número.

En la imagen puedes ver una nube de etiquetas con los temas sobre los que he escrito en Ocho en Punto todo este tiempo.

Cuando lo importante es escribir (y solo escribir): del minimalismo de ZenPen a la potencia de Scrivener

Para avanzar en un trabajo, creativo o no, la mayoría de veces no queda otra que sentarse (o levantarse, depende) y ponerse a ello. Y especialmente en proyectos de gran envergadura, es fundamental adquirir una serie de hábitos, a veces hasta el punto de tener que establecer un horario fijo para poder progresar en determinados proyectos. Trabajo, trabajo y trabajo. Hasta cuando no apetece.

Decía Pablo Picasso que «la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando». Si un pintor esperara siempre a que le llegara la inspiración (o las ganas de trabajar), probablemente ninguno de sus cuadros vería la luz. Y si un escritor hiciera lo mismo, tampoco pondría el punto final a ninguno de sus libros. Y precisamente sobre el proceso de escribir y las distracciones quiero hablar hoy.

Escribir requiere concentración

Escribir siempre requiere concentración. Pero lógicamente hay niveles. Para escribir un mensaje de WhatsApp o un tweet basta con poner un poco de atención a lo que escribimos. Podemos incluso hacerlo (por educación no deberíamos) mientras tenemos una conversación con alguien. Lo que está claro que este tipo de redacción de textos no supone demasiado esfuerzo y concentración.

Para escribir este artículo o para escribir unas páginas de un libro, ya la cosa cambia. En estas situaciones uno tiene una serie de ideas que desea plasmar por escrito y el proceso de elaboración es más complejo. La construcción de las frases, la elección de cada palabra o el estilo no son tareas que se puedan dejar al azar. Tampoco nos quedamos con la primera versión de lo que hemos escrito. Es habitual una revisión y un proceso de reescribir partes del contenido. En estos casos necesitamos prestar mucha más atención al texto, concentrarnos en él y, en la medida de lo posible, intentar aislarnos del resto. Quizá entonces, metidos a fondo en el trabajo, llegue la inspiración o la idea genial.

Administra bien tu tiempo: 8 beneficios de la técnica Pomodoro

No hay blog de organización personal o productividad que se precie que no presente en algún momento la técnica Pomodoro. Sin ir más lejos, en este mismo blog he escrito un par de artículos que hacen referencia a la popular técnica de gestión del tiempo. Recientemente en «Tecnología a tu servicio: 19 trucos productivos para sacarle minutos al día», lo menciono en la lista de hacks productivos, ocupando un lugar en el consejo número 17. Y en uno de los primeros posts del blog, «Divide (tu tiempo) y vencerás», como era de esperar por el título, era casi obligado detenerse a comentar esta popular técnica. Y el concepto es bien simple.

La Técnica Pomodoro es una técnica muy utilizada por aquellos que intentar mejorar la gestión del tiempo que dedican a determinadas tareas. El método fue desarrollado por Francesco Cirillo a finales de los 80, y basta con realizar una rápida búsqueda en Internet para comprobar la popularidad de la técnica, que comparte lugar en las sugerencias de búsqueda con su significado principal, el de tomate, que es lo que significa pomodoro en italiano. Sorprende que a pesar de la sencillez del método existen certificaciones como la de Certified Pomodoro Technique® Practitioner o Licensed Pomodoro Technique® Trainer. Han sabido exprimir bien el tomate.