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Etiqueta: aprendizaje

Gestión del tiempo: 26 lecciones (re)aprendidas

Tiempo de lectura: 4 minutos

La gestión del tiempo no va de hacer más cosas, sino de tomar mejores decisiones con las horas limitadas que tenemos cada día. Toda buena charla sobre gestión del tiempo empieza afirmando que «el tiempo no se puede gestionar». Son otros recursos los que debemos atender para mejorar en términos de organización y planificación.

Cuando no medimos nuestra realidad, cuando no nombramos lo que ocurre, el tiempo acaba decidiendo por nosotros. Esa sensación de “no me da la vida” es real, pero también es una invitación a pasar a la acción con criterio. No se trata de imponer la productividad ni “exigir más”. El reto es transformar estrés, frustración y culpa en mejora práctica: trabajar mejor, con más calma, y de forma sostenible.

Hace tiempo publiqué 25 lecciones (re)aprendidas sobre organización personal y productividad. Manteniendo un estilo similar, estas veintiséis lecciones resumen algunos de los puntos que deberíamos atender para una buena «gestión del tiempo»: tiempo, hábitos, atención, métodos, planificación, procesos, herramientas y aprendizaje.

Naturalmente, no es un método cerrado ni una lista para cumplir de forma íntrega, sino un mapa para recuperar control y claridad. El objetivo es progresar, poco a poco, desde acciones personales (medir, decidir, proteger foco) hasta mejoras colectivas (reuniones, procesos, herramientas).

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Microsoft Teams (I): Crea espacios de colaboración, aprendizaje y productividad

Tiempo de lectura: 4 minutos

Bien organizado, Microsoft Teams puede llegar a ser un gran espacio de colaboración, aprendizaje y productividad. Insisto: bien organizado.

A veces son los pequeños detalles de funcionalidad y de diseño los que hacen de Teams una plataforma muy atractiva, pero también muy eficaz. Merece la pena investigar a fondo todas sus funciones y, sobre todo, una forma innovadora de utilizarlas y personalizarlas, para hacer de ella una potente herramienta de trabajo.

Como docente utilizo Teams a diario y todavía no había dedicado una entrada a esta herramienta tan completa, una verdadera navaja suiza de la productividad. Probablemente, muchos de los elementos que se pueden integrar en Teams son de especial utilidad en el contexto educativo. En cualquier caso, algunos de los ejemplos e indicaciones que compartiré en esta serie servirán para cualquier ámbito.

Teams facilita la colaboración virtual, el aprendizaje en línea y, en general, la productividad en el trabajo. Veamos cada una de estas ventajas que presento de forma muy general para aquellos que nunca han tenido la oportunidad de entrar en el universo de Teams.

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Organización personal y productividad: 25 lecciones (re)aprendidas

Tiempo de lectura: 4 minutos

Leer y escribir sobre organización personal y productividad me permite precisamente poner en orden algunas ideas. Hay muchas cuestiones que me interesan, especialmente relacionadas con la organización o con ciertos métodos de trabajo, y que uno ha asumido siempre como verdades inalterables. Sin embargo, leyendo en diversas fuentes distintos puntos de vista y reflexionando por escrito en este blog sobre las otras formas de hacer y organizar, sigo aprendiendo nuevas lecciones o confirmando otras que ya había asimilado. Y siempre llego a la conclusión de que tenemos la obligación de evaluar y reconsiderar constantemente nuestra forma de hacer y de pensar.

Algunos reflexionan sobre estos asuntos cuando el año va llegando a su fin, y según haya ido, basándose en las lecciones aprendidas, elaboran una lista infinita de buenos propósitos de Año Nuevo. Otros (muchos profesores) preferimos hacer este balance cuando el curso académico termina.

He intentado resumir en 25 puntos algunas lecciones aprendidas (otras reaprendidas o confirmadas) sobre organización personal, sobre productividad, sobre los procesos de aprendizaje, sobre las personas, sobre el tiempo, etc. Estas lecciones son las mías, quizá algunas sean erróneas o alguien no esté de acuerdo con ellas. Pero son mis 25 lecciones, una reflexión personal que suelo escribir en privado, pero que en esta ocasión me apetecía compartir:

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Checklist para cerrar bien el curso: 30 sugerencias de organización para profesores

Tiempo de lectura: 7 minutos

El fin de curso llega para alumnos y profesores, y no hay mejor momento que este para hacer balance y, sobre todo, para proponer un buen cierre del curso (que buena falta hace dejarlo bien cerrado). Esta vez no recurriré a aquella frase tan manida de que sin darnos cuenta llegó el verano, porque menudo año hemos tenido. Cada mes ha pesado lo suyo, y cada profesor lo habrá llevado seguramente de una forma distinta. Qué os voy a contar.

Todos los que estamos (porque seguimos) en este mismo barco hemos vivido intensamente esta singular travesía que empezó con un confinamiento allá por marzo de 2020, al que siguió un verano que no lo fue, para empezar un curso completamente fuera de toda normalidad. Clases presenciales: mascarillas, distancia social y una retahíla de normativas COVID. Pero también clases virtuales, con sus variantes híbridas para atender a todos nuestros alumnos de la mejor forma posible. Comunicación síncrona, asíncrona, mezcla de cada una y creatividad a partes iguales.

Y hemos llegado; lo hemos logrado. Personalmente, creo que si algo nuevo hemos aprendido es sobre adaptación al cambio y sobre nuevas formas de organización. Al menos hemos concluido esta etapa, que merece un buen cierre para descansar, tomar aire y empezar de nuevo en septiembre.

A final de curso suelo seguir el mismo ritual de cierre. Cada uno tiene sus manías y yo tengo unas cuantas en cuestión de organización. En esta ocasión he pensado que podría ser buena idea compartir algunas sugerencias en forma de checklist (o lista de chequeo para los más puristas de la lengua) para hacer un buen cierre del curso. Una vez finalizadas todas las tareas académicas y administrativas (obviamente asumiremos que esta parte la hemos completado), hay una serie de acciones relacionadas con la organización personal que merece la pena revisar para poder cerrar el curso, pero de verdad. He organizado los puntos en 10 bloques y comparto 3 consejos o sugerencias de cada ámbito. Espero que sean de utilidad, incluso para los que no os dedicáis a la docencia.

Hay 10 áreas en las que podemos poner especial atención y en las que seguramente hay asuntos que cerrar:

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Nueva lectura, nuevo viaje: la aventura de releer un libro

Tiempo de lectura: 4 minutos

Estos últimos días de verano estoy aprovechando para volver a leer Getting Things Done. De hecho, no es la primera vez que releo este libro de David Allen; Organízate con eficacia en su versión en español. Pero no es ni la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que reviso la metodología GTD. Releer no es algo que suela hacer a menudo, pero tampoco es nada extraño. De hecho, es una práctica interesante por varios motivos. Alguno habrá que diga que releer no es productivo, que recorrer el mismo texto dos veces es una pérdida de tiempo. Disculpen que disienta; releer puede ser muy enriquecedor. Además, hay libros que habría que volver a leer casi por obligación.

Efectivamente, podemos volver a leer una obra simplemente por volver a disfrutar del viaje; por puro placer, por qué no. Nos apetece y nos ponemos a ello. Sobre todo, si se trata de ficción, es posible que nos apetezca volver a visitar algunos lugares o revivir algunos diálogos. Pero incluso, después de una nueva lectura de la obra, habremos vivido una nueva experiencia, como cuando volvemos a visitar una ciudad después de un tiempo y se trata de un viaje completamente distinto.

Releer un libro es leer una obra nueva. Nuestra madurez en una etapa determinada de nuestra vida, nuestras experiencias y los conceptos aprendidos entre una lectura y la siguiente influyen mucho en nuestra lecturas. No es lo mismo leer El Quijote con 16 años que hacerlo con 35. No somos la misma persona que hace una década. Por ejemplo, hace una década que leí Getting Things Done y todas las veces que lo he leído, ha sido con una perspectiva diferente, aprendiendo y aplicando los conceptos de un modo distinto y mejor. «Cuando uno se hace viejo, gusta más releer que leer», decía Pío Baroja.

También podemos releer una obra porque nos apetece hacerlo en otra lengua, quizá en su versión original. Es posible que durante el tiempo que ha pasado desde la última lectura hemos mejorado nuestra competencia lingüística en la lengua en la que el autor escribió la obra. Puede ser una buena oportunidad para capturar ciertos matices que no estaban presentes en la traducción del texto; o quizá simplemente queremos leer el libro en otra lengua con el único propósito de seguir practicando un nuevo idioma que estamos aprendiendo. Y conocer la obra de antemano ayuda en este proceso porque ya conocemos la historia que se desarrolla o las ideas que presenta.

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