Organiza tus lecturas de blogs en 10 pasos (I)

Aunque el formato blog ha evolucionado mucho en los últimos años, en esencia su propósito no es muy diferente a aquellos primeros diarios online, generalmente personales, en los que sus autores compartían un rincón de su vida, sus opiniones o sus experiencias. Con el tiempo, el blog se fue popularizando y los avances informáticos, especialmente en tecnologías web, facilitaron y democratizaron este particular medio. Ahora apenas hacen falta unos pocos clics para iniciar la aventura de escribir un blog, sea este de carácter personal o para asuntos profesionales.

En general, y por lógica, hay más personas que leen blogs que autores que escriben uno. Estas bitácoras online son ya parte fundamental de nuestra forma de mantenernos informados semanalmente. Ya no nos basta con las versiones online de los tradicionales periódicos y de las revistas con más historia (y que aguantan estoicamente ofreciendo su versión en papel). Desde hace ya mucho tiempo necesitamos beber de otras fuentes de información para leer opiniones que no sean las de los diarios generalistas. Queremos (o debemos) estar informados sobre temas muy específicos que no encontramos en los medios de gran tirada, quizá porque no interesan o porque no resultan rentables.

En cualquier caso, solo teniendo en cuenta la plataforma blog,  la avalancha de información resulta a veces ingestionable. Sufrimos aquello que alguien definió muy gráficamente como “infoxicación”, una intoxicación de información. Un exceso de información que no solo dificulta el trabajo de discriminar una publicación de calidad de una mediocre; además supone un problema para seleccionar simplemente aquello que nos gusta. Porque en ocasiones, cuando tenemos tantas opciones delante, no siempre elegimos con criterio.

En un intento de poner algo de orden al respecto, este artículo (y su continuación) presentan 10 pasos para organizar tus lecturas de blogs:

  1. Planificar
  2. Buscar
  3. Seleccionar
  4. Suscribirse
  5. Clasificar
  6. Revisar
  7. Leer
  8. Comentar
  9. Compartir
  10. Desechar

De momento, empezamos con los 5 primeros pasos, desde planificar nuestras lecturas hasta el momento de hacer una clasificación de blogs. Se trata de consejos generales que se pueden aplicar independientemente del lector de blogs que utilicemos.

1. Planifica tus lecturas de blogs

A primera vista, planificar y leer no parecen ser dos palabras que deban ir juntas. Se supone que la lectura de blogs debe ser una actividad de ocio; lo hacemos por el mero placer de aprender sobre temas que nos interesan. Al fin y al cabo hemos sido nosotros por voluntad propia quienes hemos decidido seguir las actualizaciones de una lista de blogs.

Por otro lado, solemos asociar más el verbo «planificar» o «programar» a responsabilidades de trabajo (u obligaciones personales) y no tanto a actividades de ocio y tiempo libre (menos planificar un viaje, que para muchos de nosotros es casi una de las mejores partes de la aventura). En cualquier caso, si pretendemos ser productivos también en la lectura de blogs, no queda más remedio que aplicar algún método que nos permita buscar, seleccionar, revisar y leer publicaciones de una forma óptima. Nos interesa estar informados sobre los temas que despiertan nuestro interés y por tanto conviene hacer una buena selección de lecturas, el máximo número de ellas siempre según nuestro tiempo disponible. Uno de los objetivos será no malgastar el tiempo con lecturas de menor importancia. Lógicamente, nuestra agenda semanal será determinante. Y en este primer paso de planificación convendría poder contestar a las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué cantidad de blogs me puedo permitir leer semanalmente?
  2. ¿Con qué frecuencia puedo hacerlo?
  3. ¿Qué días son los más apropiados para poner en orden mis lecturas?
  4. ¿Qué momentos del día son los mejores para revisar mi bandeja de entrada? ¿Y los mejores momentos para leer los artículos?

2. Busca entre millones de blogs

¿Cómo encontrar nuevos blogs que puedan interesarnos? Si uno acaba de aterrizar en este mundo de las lecturas en Internet, lo mejor es preguntar por buenas recomendaciones a amigos y compañeros que ya son habituales de los blogs y que además comparten con nosotros intereses e inquietudes. Ellos sabrán preparar una buena lista para que sepamos por dónde empezar.

Y para los que llevamos ya algún tiempo leyendo blogs semanalmente, ya sabemos que las recomendaciones llegan solas. Es habitual que un artículo de un blog haga referencia al artículo de otro. Es decir, es más que probable que si estás leyendo un post sobre productividad, el autor haga un comentario sobre algo que leyó sobre el tema… en otro blog. De esta forma, las recomendaciones de nuevos blogs que desconocíamos van llegando sin pedirlas.

Y una tercera alternativa que nunca falla son los buscadores de Internet. Si uno quiere empezar a leer blogs sobre “organización personal” tan solo necesitará abrir en navegador, teclear la web de su buscador favorito (¿Google?) y escribir “los mejores blogs sobre organización personal”. Y… voilà! El buscador mostrará en sus resultados un buen número de webs, muy posiblemente blogs, en los que alguien ha tenido el detalle de preparar para nosotros, sus lectores, una lista con los blogs recomendados sobre el tema. También muchas herramientas para organización y lectura de blogs llevan integrado un buscador para encontrar nuevas fuentes y recomendaciones.

El que busca, halla. El que no encuentra es porque no quiere.

3. Selecciona con criterio, pero sigue también tu intuición

Conviene hacer las cuentas. Así que selecciona bien lo que vas a leer, porque te dará trabajo. En nuestro ímpetu por hacer una gran lista de blogs, podemos pecar de avariciosos y querer quedarnos con todo lo que vamos encontrando. También podemos pecar de ingenuos pensando que podremos leer semanalmente centenares de posts. Revisarlos quizá, algo muy distinto es leerlos.

Sé muy selectivo. No te sientas culpable por dejar fuera un blog que te han recomendado. Pero tampoco inviertas mucho tiempo en decidir si un blog pasará a formar parte de tu colección. Piensa que si consigues finalmente confeccionar tu lista “definitiva” de blogs (nunca lo será), esta solo será “una lista”, “tu lista”. Siempre habrá una colección mejor. Hay millones de blogs en Internet y la competencia es feroz.

Además, nuestra selección de blogs debe estar en constante cambio. Con el tiempo unos blogs desaparecerán, otros nuevos llegarán, otros nos dejarán de gustar y otros que seleccionemos “por probar”, acabarán siendo nuestros blogs de referencia.

En resumen: sé selectivo, pero de vez en cuando sigue tu intuición y no tengas reparos en darle una oportunidad a un blog o en dejarlo fuera de tu lista.

4. Suscríbete: es sencillo y gratis

Y llegamos al punto interesante. La suscripción a un blog. Es un pequeño gesto para formalizar que un blog pasa a formar parte de nuestra familia de lecturas. Es una bienvenida oficial.

En primer lugar conviene aclarar que la suscripción de la que hablamos es gratuita y se trata concretamente del sistema de suscripción RSS o Atom, una tecnología que incorporan los blogs y que nos permite recibir las actualizaciones de cada uno de ellos. Y aquí está la clave del éxito del concepto de suscripción: las noticias, los artículos llegan a nosotros y no somos nosotros quienes vamos a buscarlas.

En otras palabras: si hemos seleccionado una lista de 50 blogs, ya no será necesario visitar independientemente cada una de las 50 páginas webs que alojan los blogs. En cambio, podemos utilizar un programa o servicio de Internet que nos va a permitir suscribirnos a esas 50 fuentes de información para recibir en una única bandeja de entrada los nuevos artículos (posts) que se vayan publicando.

Precisamente por su sencillez y gratuidad, este sistema de suscripción puede resultar “peligroso”. Apenas con un par de clics podemos suscribirnos a un blog y empezar a recibir todos los artículos que allí se publiquen. Con cada suscripción que añadimos, nos estamos dando trabajo extra de tener que revisar lo que se publique.

Entonces, ¿cuál es un número razonable de suscripciones? Yo siempre respondo a esta cuestión con otra pregunta: ¿de cuánto tiempo dispones? Al final la experiencia revisando y leyendo blogs determinará el tiempo máximo que le podemos dedicar a esto de los blogs y, además, dependerá de la frecuencia de publicación de muchas de las fuentes. Unos blogs publicarán a diario (algunos varias veces al día…) y otros un número concreto de veces a la semana. Es decir, 100 blogs podrían generar 100 artículos al día, o solo 100 a la semana. Dependerá de nuestra selección de blogs. Como decía, el paso del tiempo nos indicará si la cantidad de suscripciones que manejamos es excesiva o si, por el contrario, podemos permitir la entrada de nuevas fuentes.

5. Clasifica por temas y por prioridad

Agrupar los blogs que seguimos semanalmente es fundamental, especialmente si el número de suscripciones va creciendo considerablemente. Y esto es algo que suele ocurrir en la práctica.

A partir de una cierta cantidad de suscripciones, si decidimos revisar todos los artículos empezando por los más recientes (suele ser lo habitual) y detenemos la revisión para leer aquellos que han captado nuestra atención, es muy probable que estemos invirtiendo tiempo en lecturas que realmente deberían esperar. Quizá hayamos agotado nuestro tiempo cuando finalmente llegue un artículo de una temática que nos interesa más y que ha sido publicado en uno de nuestros blogs favoritos. ¿La solución? Asignar categorías.

Personalmente, yo recomiendo al menos combinar dos tipos de clasificación:

  1. Temática. Una clasificación por temas nos permitirá separar las publicaciones según nuestros intereses. El pequeño esfuerzo de realizar estas agrupaciones tiene grandes ventajas. Aunque planifiquemos a conciencia nuestras lecturas, habrá días en los que nos apetezca leer sobre una temática específica. Y en otras ocasiones, hay temas que preferiremos evitar. Un ejemplo clásico de clasificar por temas es de poder leer entre semana sobre aspectos que están más relacionados con nuestro trabajo, para dejar el fin de semana para las temáticas que consideremos parte de nuestro ocio (gastronomía, arte, literatura, etc). Personalmente, tengo definidos alrededor de 10 temáticas de blogs.
  2. Prioridad. Una clasificación por prioridad es perfectamente complementaria. Es decir, podemos asignar a un blog una, o de hecho varias categorías temáticas de la que hemos hablado antes; por ejemplo, “Tecnología” y “Productividad”. Pero al mismo tiempo podemos etiquetar el blog como “Prioritario”. Es decir, de toda la colección de blogs, cualquier artículo que se publique en un blog que pertenece a la categoría “Prioritario” debería ser revisado antes que cualquier otro. Yo defino solo tres niveles de prioridad. Menos es poco y más complicaría el sistema. En la práctica se trata de tres categorías más, como cualquier otra categoría temática. Y las identifico como: “Clase A”, “Clase B”, y “Clase C”
    1. Blogs de “Clase A”. Son aquellos blogs favoritos o de obligada lectura (por el motivo que sea). Se publican en ellos artículos que debo revisar sí o sí. No hay otra opción que revisarlos a conciencia cada semana.
    2. Blogs de “Clase B”. Son aquellos blogs de lectura habitual. Los leo regularmente y hago lo posible por revisarlos todos porque seguramente contienen algo interesante. Este es el nivel de prioridad que marco a los blogs que caen en esta clasificación.
    3. Blogs de “Clase C”. Son blogs recién llegados, de los que desconozco su calidad y llegan a mi bandeja de entrada en “modo prueba”. También están en esta categoría los blogs que no necesito revisar con urgencia o que pasarlos por alto no tiene demasiado impacto. Los reviso muy por encima, con la única intención de detectar alguno que valga la pena y merezca (como se dice ahora) un “upgrade” a un nivel superior, a una “Clase B” o “Clase A”.

Y, ¿cómo implemento este sistema de organización?

Existen en el mercado un buen número de herramientas para organizar las lecturas de blogs. Son los llamados lectores o agregadores de suscripciones RSS/Atom. Los hay como programas informáticos instalables en nuestro ordenador, como aplicaciones móviles para nuestros smartphones o como aplicaciones web en Internet. La oferta es bastante completa.

Yo en particular utilizo actualmente Feedly, un lector de blogs que cuenta con versión web, móvil y de escritorio. Con la continuación de este artículo próximamente y una vez presentados los diez pasos para organizar tus lecturas de blogs, daré las claves para implementar y utilizar este sistema de organización con Feedly. Con esta herramienta podemos buscar, seleccionar, suscribirnos y clasificar los blogs tal y como se ha detallado en este artículo. Pero también podremos llevar a cabo el resto del proceso de organización con Feedly: revisar, leer, compartir y desechar.

¡Hasta la próxima entrega!

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Fotografía 2 | FABEEX MAGAZINE in Ipad de creperson en 500px

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«Importante» no es «esencial»: el valor del lenguaje en la toma de decisiones

Priorizar para progresar

Establecemos prioridades a todas horas, aunque no siempre somos conscientes de ello. En nuestra vida personal y profesional tenemos continuamente la necesidad de priorizar determinadas responsabilidades frente a otras tareas que sencillamente pueden esperar. En el mejor de los casos nos podremos permitir el lujo de establecer la prioridad de una tarea según nuestro propio criterio, pero en otras ocasiones será una circunstancia externa o alguien con nombre y apellidos el que determine la importancia o la urgencia de un trabajo. En este contexto, a diario llegan nuevas tareas que debemos realizar «sí o sí», no habrá siquiera opción de posponerlas, y menos elección de no hacerlas. Afortunadamente siempre habrá otras tareas que serán opcionales y/o evitables; si sabemos detectarlas a tiempo, claro está.

El objetivo de este artículo no es otro que el de poner un poco de orden alrededor de estos conceptos de importancia, urgencia, obligación y opcionalidad. De vez en cuando los límites no están claros, se presentan ambiguos y dificultan la ya de por sí ardua tarea de tener que tomar una decisión sobre un conjunto de tareas. Sería algo así como una «metatarea», única, pero quizá la más importante y determinante de todas.

El éxito o el fracaso a la hora de alcanzar nuestros objetivos dependerá en gran medida de una buena elección de cada próxima tarea a realizar. Se supone que priorizamos una acción sobre otra porque la primera nos hace avanzar en nuestro trabajo y la segunda quizá no tanto. En teoría, ese es el criterio. Y de esto mismo se trata: de alcanzar una meta a través de la realización de una serie de tareas, y no de la realización de tareas en sí misma. El «hacer por hacer» no nos lleva a ningún lugar. Y de nuevo, la teoría la conocemos de sobra, pero caemos una y otra vez en la trampa de hacer cosas que sencillamente no deberíamos estar haciendo. Seguramente nos sentimos cómodos y seguros realizándolas y este suele ser el motivo principal por el que preferimos enfrentarnos a este tipo de tareas.

Si tuviéramos siempre visible una barra de progreso de uno de nuestros proyectos, esta debería ir avanzando a medida que tachamos las tareas diarias que logramos terminar, sean estas grandes o pequeñas. Unas veces lograremos un avance del 25% y otras solo un 2%. Menos los negativos y el cero, todos los números suman. Avanzar, progresar: esa es la clave. Una tarea realizada que aporta un 0% a nuestros proyectos (o incluso resta) es cuanto menos evitable y prescindible (por no decir absurda). Y tareas de este tipo se cuelan a diario en nuestro trabajo.

¿Qué es prioritario y qué no? La matriz de Eisenhower

La gran cuestión: ¿qué es una tarea prioritaria? Y las preguntas que le siguen: ¿cómo identificar una tarea prioritaria? ¿Qué condiciones se tienen que dar para etiquetar una tarea como de alta prioridad?

En el mundo de la productividad y la organización personal es muy conocida la matriz de Eisenhower, popularizada por Steven R. Covey en su libro «Los 7 hábitos de la gente altamente productiva»; todo un bestseller en este terreno.

La matriz del tiempo de Eisenhower es una tabla de 2×2. En sus filas queda representada la importancia de las tareas con dos únicas opciones: «importante» y «no importante»; y en las columnas queda reflejada la urgencia de las tareas, también con dos únicas alternativas: una tarea o es «urgente» o no lo es. Este sistema evita categorizaciones infinitas o sistemas de prioridad y graduación que en la mayoría de los casos solo hacen que complicar los sistemas de organización. A veces, más es menos. Y en este caso, menos es más.

La matriz nos obliga a tomar una decisión sobre la importancia y urgencia de cada una de nuestras tareas. Y propone hacerlo sin ambigüedad. Una tabla de dos filas y dos columnas ofrece solo cuatro posibles intersecciones, y reducir al máximo las opciones muchas veces es la mejor de las ideas. Cuatro es un número interesante. Algo parecido sucede cuando un camarero en un restaurante nos entrega una carta con una lista de platos casi infinita. Es entonces cuando pensamos: «He venido a comer, y no a dedicar la mitad de mi tiempo disponible a tener que elegir qué comer».

Según los cuatro tipos de tareas que resultan de la matriz de Eisenhower, las acciones que podríamos tomar para cada una de ellas serían las siguientes:

  • Realizar las tareas importantes y urgentes.
  • Planificar las tareas importantes pero no urgentes.
  • Delegar las tareas no importantes pero urgentes.
  • No hacer las tareas ni importantes ni urgentes.

Lo interesante de la matriz de prioridades de Eisenhower es que no existen grados más allá de la elección absoluta entre los cuatro posibles valores (combinaciones). Solo disponemos de cuatro cuadrantes, de modo que cuando valoramos la prioridad de una tarea atendiendo a su importancia y urgencia, solo hay cuatro espacios posibles donde asignarlas, lo cual nos obliga a concretar y por tanto a valorar con antelación la prioridad de una tarea y tomar una decisión al respecto.

La matriz de Eisenhower es un buen sistema precisamente por su simplicidad. Sin embargo, en algunos casos, al enfrentarnos al problema de clasificar una tarea en alguno de los cuatro posibles cuadrantes, quizá tenemos dificultades para valorar de forma binaria si algo es importante o no, o si algo es urgente o no. En este escenario de toma de decisiones nuestro subconsciente nos podría jugar una mala pasada y podríamos no asignar una nueva tarea al cuadrante más adecuado.

Cambiando el lenguaje: tareas «esenciales» e «ineludibles»

No es mi intención cambiar un sistema que ya funciona. Pero quizá, como en muchas otras ocasiones, podría ayudar un cambio en el lenguaje, en la definición de importante y urgente, y en las preguntas que nos hacemos para decidir la prioridad de una tarea.

Personalmente, los términos «importante» y «urgente» me resultan ambiguos, incluso junto a las definiciones que los suelen acompañar según la matriz de Eisenhower. Reconozco que no soy capaz de clasificar una tarea atendiendo a estos criterios, o al menos utilizando estas palabras. La experiencia intentándolo me dice que tiendo a elegir mal. Para mí es más sencillo pensar en adjetivos como «esencial» y «evitable», que es lo que realmente «leo entre líneas» cuando tengo una matriz bidimensional de prioridades como la de Eisenhower. Quizá sea solo un tema semántico, pero comparto mi visión sobre el tema por si puede ayudar a los lectores de este blog.

«Importante» no es «Esencial»

Se supone que una tarea es «importante» si logra que tus proyectos y objetivos avancen. Entiendo la definición que se pretende asignar al término, pero el adjetivo «importante» es peligroso porque son muchas las tareas que desean atraer esta etiqueta y es muy fácil caer en la trampa de adjudicársela. Personalmente, si pienso en tarea «esencial», el nivel de descarte que consigo es mucho mayor. Estoy dejando fuera muchas tareas que habría marcado como importantes, y que sin embargo nunca marcaría como «esenciales».

El término «esencial» me parece más restrictivo e invita a completar la frase «la tarea es esencial para…(alcanzar mis objetivos)». En el contexto de un proyecto, una tarea «importante» es aquella que aporta algo… importante. Y en este caso, siempre podemos buscar la excusa perfecta para afirmar que una tarea tiene un componente de importancia, aunque no necesariamente sume al progreso general. El término «importante» tiene menos entidad que «esencial», que implica que es fundamental para el avance de un proyecto; sin ella el proyecto no progresa y siempre quedará en él un porcentaje por completar.

«Urgente» no es «Ineludible»

Las tareas «urgentes» son las verdaderamente peligrosas. En primer lugar porque la gran mayoría de veces no tienen el carácter de urgencia con el que se presentan.

Cuando llega una tarea imprevista y con carácter de urgencia porque al parecer (y solo aparentemente) hay que atenderla cuanto antes, cometemos el error de preguntarnos: «¿es urgente?». Con un adjetivo así, lógicamente la respuesta es necesariamente «sí». Por supuesto se dan todas las condiciones para tratar la tarea en cuestión como «urgente». Sin embargo, lo que quizá deberíamos preguntar es: «¿es una tarea impostergable?». Quizá no sea la palabra más bonita del español, pero cumple bien su función de adjetivo. Es decir, ¿no hay opción de posponerla y realizarla en otro momento? Si la respuesta es «no» y por tanto la tarea no la podemos posponer, entonces sí tendrá ese carácter de urgencia que con tanta facilidad (y peligro) solemos asignar a todas las tareas que llegan sin avisar.

A veces incluso llegan tareas urgentes que además son totalmente «evitables». Podríamos incluso no hacerlas, y sin embargo las acogemos como «urgentes», cuando ni siquiera son «importantes». Parece que «ineludible», «inevitable» o «impostergable» siempre serán mejores adjetivos para decidir la urgencia de una tarea.

Un buen objetivo en nuestro trabajo diario es abrazar el máximo número de tareas «esenciales» y, de este tipo, priorizar lógicamente las tareas «ineludibles» y descartar el máximo número de tareas «no esenciales» y «evitables». ¿Por qué no cambiar el lenguaje para poder aplicar mejor el sistema?

Nuestra nueva tabla de toma de decisiones sobre las tareas tendría el siguiente aspecto.

En esencia, la matriz realmente original no sufre cambios y solamente pretende resaltar la importancia del lenguaje, de los términos utilizados en el momento identificar una tarea y valorar su prioridad.

Las malas decisiones sobre la gestión de la tareas no siempre tienen que ver con la simplicidad o la sofisticación de un método (en este caso una simple tabla de 2×2), sino en hacer un uso correcto del sistema. En el caso de la matriz de Eisenhower, colocar una tarea en un cuadrante o en otro, puede cambiar el rumbo de un proyecto. Por eso conviene hacernos las preguntas adecuadas en el momento de valorar una tarea para asignarle el lugar de importancia que merece; ni más ni menos. Y las palabras siempre juegan un papel fundamental.

Teniendo en cuenta esto, las acciones en la «nueva» matriz serán similares a la original, y lógicamente habrá que poner un empeño especial en la clasificación de tareas para que el cuadrante con la acción «Hacer cuanto antes» esté lo más despejado posible. Y por supuesto hacer también un esfuerzo por dejar fuera el máximo número de tareas, asignándoles la acción «No hacer» por no ser esenciales para progresar o por ser perfectamente aplazables en el tiempo.

En resumen:

  1. Hacer cuanto antes las tareas esenciales e impostergables. Es decir, ponernos manos a la obra con aquellas tareas que tienen un gran impacto en los proyectos que estamos realizando y que por motivos realmente serios no las podemos posponer en el tiempo.
  2. Planificar las tareas esenciales pero que podemos posponer en el tiempo. Esta es la situación ideal en la que nos llega una tarea con impacto en uno de nuestros proyectos. Y además nos podemos permitir el lujo de planificar su realización.
  3. Delegar o evitar las tareas no esenciales e impostergables. Mi propuesta es siempre intentar evitar este tipo de tareas que no tienen impacto alguno en el progreso de nuestros proyectos. Pero llegan con carácter de urgencia para ser atendidas de inmediato. Una urgencia en general impuesta. Por tanto, si está en nuestra mano, convendrá delegarla. Y si existe la opción, evitar su realización. No siempre hay que aceptar todas las tareas que llegan.
  4. No hacer las tareas que no son esenciales y que además se pueden posponer. No podría ser de otra manera. ¿Qué pretende una tarea que no tiene impacto en nuestro objetivos y que además no tiene ningún carácter de urgencia? ¿Es una broma? Estas tareas no merecen nuestro tiempo; solo el que tardamos en desecharlas.

Fotografía | «Eisenhower-Matrix» de Oliver Tacke en Flickr

De Twitter directamente a tu bandeja de entrada: las tweet-tareas

Twitter nació en 2009 como una red social en la podíamos compartir lo que estábamos haciendo o pensando. Sin embargo, esta función tan básica creo que ya está más que superada desde hace años. Sabemos que Twitter ha evolucionado y es mucho más que eso.

Tweets que generan tareas

En nuestras visitas constantes (a veces demasiadas) al timeline de Twitter, un buen porcentaje de los tweets que pasan ante nuestros ojos contienen algún tipo de recurso en forma de texto, imagen, vídeo o simplemente un enlace a una web que lo contiene. En más de una ocasión alguno nos llama la atención y lo compartimos al instante en esta misma red social o simplemente lo marcamos como favorito, quizá con la intención de revisarlo más tarde. Muchas veces lo compartiremos sin más con nuestros seguidores —con la función de retweet—, pero en casos muy concretos el tweet, por su contenido, terminará convirtiéndose en una tarea que deberemos realizar más adelante. Tweets que generan tareas y nos dan trabajo, por si no teníamos suficiente.

Una solución sencilla para registrar una tarea es abrir nuestra aplicación favorita de gestión de tareas y añadir un nuevo elemento a la lista; o utilizar un bolígrafo para anotarla en una libreta, si todavía no hemos dado el salto al mundo digital. Sin embargo, este proceso ya supone un esfuerzo extra de añadir el texto y posiblemente anotar alguna dirección de Internet publicada en el tweet.

En términos de organización personal, necesitamos poder añadir a nuestra bandeja de entrada esa tarea que tiene (de momento) aspecto de tweet. ¿Sería posible hacerlo automáticamente y sin duplicar procesos ni información? Si la respuesta a esta pregunta fuera «no», lógicamente no la habría planteado en un blog donde se habla de organización personal y tecnología. La informática e Internet están aquí para ayudarnos.

La primera solución puede venir integrada en nuestro dispositivo móvil o programa de ordenador. Si estamos utilizando un smartphone o una tablet, seguramente tendremos la opción de compartir o guardar el tweet para enviarlo directamente a nuestra aplicación de «listas de cosas que hacer». Con nuestro ordenador, tendremos seguramente alguna función similar. Estas opciones existen y son una solución muy válida para conservar los recursos importantes con los que hemos decidido hacer algo. Pero descartemos esta opción por ser “poco interesante”.

Tuitear una nueva tarea (o cómo matar dos pájaros de un tiro)

Si estamos dando un paseo por Twitter y algo nos llama la atención, muy probablemente lo compartiremos en algún momento con nuestros seguidores en la red social del pajarito. Entonces, ¿por qué no utilizar un hashtag en el tweet que compartimos para indicar que algo debemos hacer con ese recurso? Pero hay más: ¿y si al añadir un determinado hashtag a un tweet pudiéramos desencadenar una serie de acciones en Internet que terminaran por añadir la tweet-tarea directamente a la bandeja de entrada de nuestra aplicación de gestión de tareas? Además estaríamos consiguiendo dos acciones en una: compartir el recurso y enviarlo a nuestro inbox. Y esta precisamente la palabra que podemos utilizar como hashtag: #inbox (aunque podría ser cualquier otra).

A continuación podéis ver cómo utilizo el hashtag #ib (como abreviatura de #inbox por aquello de ahorrar tres caracteres) para marcar un tweet que considero que es una tarea, porque algo hay que hacer con él y su contenido: Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…