Define un plan para tu organización personal: 5 áreas clave

Cuando hablamos de organización personal, una de las primeras ideas que probablemente nos viene a la cabeza es la de «lista de cosas que hacer». Ponemos un poco de orden anotando, mental o físicamente en algún lugar, aquellas tareas que tenemos que realizar. Establecer prioridades y decidir en qué momento haremos todas «esas cosas» quizá ya no esté en los planes de todos. Pero tareas, lo que se dice tareas, maneja todo el mundo de una u otra forma.

Asociamos muchas veces la idea de «estar organizado» simplemente a mantener una lista de tareas en la aplicación móvil de moda. Sin embargo, hay otros elementos que son parte fundamental del éxito o fracaso de una buena organización personal.

En nuestro trabajo, cuando no estamos enviando un correo electrónico estamos tomando notas de algo. Si en algún momento no estamos tachando tareas de nuestra lista, probablemente estemos registrando un evento en nuestra agenda. Y cuando no estamos en plena clasificación de documentos, quizá estemos informándonos sobre algún tema en particular. O cualquier combinación de estas obligaciones necesarias para poner orden a nuestro trabajo. Todas estas acciones relacionadas con la organización necesitan un buen plan.

Existen al menos 5 áreas clave de la organización personal que merecen una atención especial en términos de planificación.

  1. Gestión de las tareas. Corresponde con el trabajo de registrar y organizar cada una de las acciones necesarias para completar un trabajo. Las tiendas de aplicaciones están llenas de apps para gestionar las populares «ToDo lists», las listas de cosas que hacer. No obstante, por gestión no hablamos en este punto de herramientas concretas, sino del método utilizado para registrar, procesar y revisar las tareas que llegan cada día. ¿Sigues alguna rutina de organización para revisar tus tareas? ¿tienes un plan?
  2. Gestión de la agenda. Porque una cosa son las tareas y otra bien distinta es el conjunto de eventos de una agenda. En ella anotamos aquellas «citas» que tienen lugar en un momento determinado de un día. Podríamos decir que son tareas que tienen fecha y hora concreta. Conviene en este punto coordinar bien la agenda con la lista de tareas. ¿Mantienes algún protocolo a la hora de mantener tu agenda? ¿tienes un plan al respecto?
  3. Gestión de los documentos. Las tareas y los eventos en la agenda no van nunca solos. Prácticamente en todos ellos hay asociado algún documento que debemos leer, redactar, modificar, archivar, etc. Si queremos encontrar cada documento cuando realmente lo necesitamos, se hace imprescindible contar con un buen sistema de gestión de archivos o al menos un archivador o almacén de datos que nos permita la máxima flexibilidad para organizar nuestra documentación a nuestra medida y disponer de ella en cualquier momento y lugar. ¿Optimizas la gestión documental de alguna forma? ¿tienes un plan?
  4. Gestión de las notas. Se da por sentado que todos nos reunimos varias veces a la semana o incluso al día. Pero si los meetings no forman parte de la actividad diaria, seguro que en algún momento del día es necesario anotar alguna idea que luego requiere revisión. Independientemente de la herramienta utilizada para ello, sea digital o una simple libreta, conviene disponer de algún tipo de método no solo para el momento de tomar notas, sino también para el proceso de revisarlas. ¿Has trazado algún plan para mantener en orden tus notas?
  5. Gestión de la comunicación. Hoy en día las opciones de comunicación son infinitas (o casi). Atrás quedaron los tiempos en los que la única comunicación nos llegaba por teléfono o por correo electrónico. Cada día las empresas introducen nuevas formas de comunicación que nos vemos obligados a incorporar como parte de nuestro trabajo. Por tanto, conviene aprender a gestionar correctamente todos los canales por los que enviamos y recibimos información, sobre todo para que no acaben restando tiempo de hacer el verdadero trabajo, que es realmente lo importante. ¿Organizas la forma en que te comunicas? ¿has definido algún plan para optimizar los procesos de comunicación en tu trabajo?

Cómo organizamos las secuencias de tareas, el modo en que nos comunicamos, cómo organizamos el tiempo, de qué forma anotamos las cosas o cómo gestionamos los documentos, determinará el buen hacer en nuestro trabajo. Organizar bien para hacer mejor. Tener un plan. Esa es la idea.

Fotografía #1 | Diagrama de geralt en Pixabay
Fotografía #2 | Plan de Wokandapix en Pixabay

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Organiza tus lecturas de blogs en 10 pasos (I)

Aunque el formato blog ha evolucionado mucho en los últimos años, en esencia su propósito no es muy diferente a aquellos primeros diarios online, generalmente personales, en los que sus autores compartían un rincón de su vida, sus opiniones o sus experiencias. Con el tiempo, el blog se fue popularizando y los avances informáticos, especialmente en tecnologías web, facilitaron y democratizaron este particular medio. Ahora apenas hacen falta unos pocos clics para iniciar la aventura de escribir un blog, sea este de carácter personal o para asuntos profesionales.

En general, y por lógica, hay más personas que leen blogs que autores que escriben uno. Estas bitácoras online son ya parte fundamental de nuestra forma de mantenernos informados semanalmente. Ya no nos basta con las versiones online de los tradicionales periódicos y de las revistas con más historia (y que aguantan estoicamente ofreciendo su versión en papel). Desde hace ya mucho tiempo necesitamos beber de otras fuentes de información para leer opiniones que no sean las de los diarios generalistas. Queremos (o debemos) estar informados sobre temas muy específicos que no encontramos en los medios de gran tirada, quizá porque no interesan o porque no resultan rentables.

En cualquier caso, solo teniendo en cuenta la plataforma blog,  la avalancha de información resulta a veces ingestionable. Sufrimos aquello que alguien definió muy gráficamente como “infoxicación”, una intoxicación de información. Un exceso de información que no solo dificulta el trabajo de discriminar una publicación de calidad de una mediocre; además supone un problema para seleccionar simplemente aquello que nos gusta. Porque en ocasiones, cuando tenemos tantas opciones delante, no siempre elegimos con criterio.

En un intento de poner algo de orden al respecto, este artículo (y su continuación) presentan 10 pasos para organizar tus lecturas de blogs:

  1. Planificar
  2. Buscar
  3. Seleccionar
  4. Suscribirse
  5. Clasificar
  6. Revisar
  7. Leer
  8. Comentar
  9. Compartir
  10. Desechar

De momento, empezamos con los 5 primeros pasos, desde planificar nuestras lecturas hasta el momento de hacer una clasificación de blogs. Se trata de consejos generales que se pueden aplicar independientemente del lector de blogs que utilicemos.

1. Planifica tus lecturas de blogs

A primera vista, planificar y leer no parecen ser dos palabras que deban ir juntas. Se supone que la lectura de blogs debe ser una actividad de ocio; lo hacemos por el mero placer de aprender sobre temas que nos interesan. Al fin y al cabo hemos sido nosotros por voluntad propia quienes hemos decidido seguir las actualizaciones de una lista de blogs.

Por otro lado, solemos asociar más el verbo «planificar» o «programar» a responsabilidades de trabajo (u obligaciones personales) y no tanto a actividades de ocio y tiempo libre (menos planificar un viaje, que para muchos de nosotros es casi una de las mejores partes de la aventura). En cualquier caso, si pretendemos ser productivos también en la lectura de blogs, no queda más remedio que aplicar algún método que nos permita buscar, seleccionar, revisar y leer publicaciones de una forma óptima. Nos interesa estar informados sobre los temas que despiertan nuestro interés y por tanto conviene hacer una buena selección de lecturas, el máximo número de ellas siempre según nuestro tiempo disponible. Uno de los objetivos será no malgastar el tiempo con lecturas de menor importancia. Lógicamente, nuestra agenda semanal será determinante. Y en este primer paso de planificación convendría poder contestar a las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué cantidad de blogs me puedo permitir leer semanalmente?
  2. ¿Con qué frecuencia puedo hacerlo?
  3. ¿Qué días son los más apropiados para poner en orden mis lecturas?
  4. ¿Qué momentos del día son los mejores para revisar mi bandeja de entrada? ¿Y los mejores momentos para leer los artículos?

2. Busca entre millones de blogs

¿Cómo encontrar nuevos blogs que puedan interesarnos? Si uno acaba de aterrizar en este mundo de las lecturas en Internet, lo mejor es preguntar por buenas recomendaciones a amigos y compañeros que ya son habituales de los blogs y que además comparten con nosotros intereses e inquietudes. Ellos sabrán preparar una buena lista para que sepamos por dónde empezar.

Y para los que llevamos ya algún tiempo leyendo blogs semanalmente, ya sabemos que las recomendaciones llegan solas. Es habitual que un artículo de un blog haga referencia al artículo de otro. Es decir, es más que probable que si estás leyendo un post sobre productividad, el autor haga un comentario sobre algo que leyó sobre el tema… en otro blog. De esta forma, las recomendaciones de nuevos blogs que desconocíamos van llegando sin pedirlas.

Y una tercera alternativa que nunca falla son los buscadores de Internet. Si uno quiere empezar a leer blogs sobre “organización personal” tan solo necesitará abrir en navegador, teclear la web de su buscador favorito (¿Google?) y escribir “los mejores blogs sobre organización personal”. Y… voilà! El buscador mostrará en sus resultados un buen número de webs, muy posiblemente blogs, en los que alguien ha tenido el detalle de preparar para nosotros, sus lectores, una lista con los blogs recomendados sobre el tema. También muchas herramientas para organización y lectura de blogs llevan integrado un buscador para encontrar nuevas fuentes y recomendaciones.

El que busca, halla. El que no encuentra es porque no quiere.

3. Selecciona con criterio, pero sigue también tu intuición

Conviene hacer las cuentas. Así que selecciona bien lo que vas a leer, porque te dará trabajo. En nuestro ímpetu por hacer una gran lista de blogs, podemos pecar de avariciosos y querer quedarnos con todo lo que vamos encontrando. También podemos pecar de ingenuos pensando que podremos leer semanalmente centenares de posts. Revisarlos quizá, algo muy distinto es leerlos.

Sé muy selectivo. No te sientas culpable por dejar fuera un blog que te han recomendado. Pero tampoco inviertas mucho tiempo en decidir si un blog pasará a formar parte de tu colección. Piensa que si consigues finalmente confeccionar tu lista “definitiva” de blogs (nunca lo será), esta solo será “una lista”, “tu lista”. Siempre habrá una colección mejor. Hay millones de blogs en Internet y la competencia es feroz.

Además, nuestra selección de blogs debe estar en constante cambio. Con el tiempo unos blogs desaparecerán, otros nuevos llegarán, otros nos dejarán de gustar y otros que seleccionemos “por probar”, acabarán siendo nuestros blogs de referencia.

En resumen: sé selectivo, pero de vez en cuando sigue tu intuición y no tengas reparos en darle una oportunidad a un blog o en dejarlo fuera de tu lista.

4. Suscríbete: es sencillo y gratis

Y llegamos al punto interesante. La suscripción a un blog. Es un pequeño gesto para formalizar que un blog pasa a formar parte de nuestra familia de lecturas. Es una bienvenida oficial.

En primer lugar conviene aclarar que la suscripción de la que hablamos es gratuita y se trata concretamente del sistema de suscripción RSS o Atom, una tecnología que incorporan los blogs y que nos permite recibir las actualizaciones de cada uno de ellos. Y aquí está la clave del éxito del concepto de suscripción: las noticias, los artículos llegan a nosotros y no somos nosotros quienes vamos a buscarlas.

En otras palabras: si hemos seleccionado una lista de 50 blogs, ya no será necesario visitar independientemente cada una de las 50 páginas webs que alojan los blogs. En cambio, podemos utilizar un programa o servicio de Internet que nos va a permitir suscribirnos a esas 50 fuentes de información para recibir en una única bandeja de entrada los nuevos artículos (posts) que se vayan publicando.

Precisamente por su sencillez y gratuidad, este sistema de suscripción puede resultar “peligroso”. Apenas con un par de clics podemos suscribirnos a un blog y empezar a recibir todos los artículos que allí se publiquen. Con cada suscripción que añadimos, nos estamos dando trabajo extra de tener que revisar lo que se publique.

Entonces, ¿cuál es un número razonable de suscripciones? Yo siempre respondo a esta cuestión con otra pregunta: ¿de cuánto tiempo dispones? Al final la experiencia revisando y leyendo blogs determinará el tiempo máximo que le podemos dedicar a esto de los blogs y, además, dependerá de la frecuencia de publicación de muchas de las fuentes. Unos blogs publicarán a diario (algunos varias veces al día…) y otros un número concreto de veces a la semana. Es decir, 100 blogs podrían generar 100 artículos al día, o solo 100 a la semana. Dependerá de nuestra selección de blogs. Como decía, el paso del tiempo nos indicará si la cantidad de suscripciones que manejamos es excesiva o si, por el contrario, podemos permitir la entrada de nuevas fuentes.

5. Clasifica por temas y por prioridad

Agrupar los blogs que seguimos semanalmente es fundamental, especialmente si el número de suscripciones va creciendo considerablemente. Y esto es algo que suele ocurrir en la práctica.

A partir de una cierta cantidad de suscripciones, si decidimos revisar todos los artículos empezando por los más recientes (suele ser lo habitual) y detenemos la revisión para leer aquellos que han captado nuestra atención, es muy probable que estemos invirtiendo tiempo en lecturas que realmente deberían esperar. Quizá hayamos agotado nuestro tiempo cuando finalmente llegue un artículo de una temática que nos interesa más y que ha sido publicado en uno de nuestros blogs favoritos. ¿La solución? Asignar categorías.

Personalmente, yo recomiendo al menos combinar dos tipos de clasificación:

  1. Temática. Una clasificación por temas nos permitirá separar las publicaciones según nuestros intereses. El pequeño esfuerzo de realizar estas agrupaciones tiene grandes ventajas. Aunque planifiquemos a conciencia nuestras lecturas, habrá días en los que nos apetezca leer sobre una temática específica. Y en otras ocasiones, hay temas que preferiremos evitar. Un ejemplo clásico de clasificar por temas es de poder leer entre semana sobre aspectos que están más relacionados con nuestro trabajo, para dejar el fin de semana para las temáticas que consideremos parte de nuestro ocio (gastronomía, arte, literatura, etc). Personalmente, tengo definidos alrededor de 10 temáticas de blogs.
  2. Prioridad. Una clasificación por prioridad es perfectamente complementaria. Es decir, podemos asignar a un blog una, o de hecho varias categorías temáticas de la que hemos hablado antes; por ejemplo, “Tecnología” y “Productividad”. Pero al mismo tiempo podemos etiquetar el blog como “Prioritario”. Es decir, de toda la colección de blogs, cualquier artículo que se publique en un blog que pertenece a la categoría “Prioritario” debería ser revisado antes que cualquier otro. Yo defino solo tres niveles de prioridad. Menos es poco y más complicaría el sistema. En la práctica se trata de tres categorías más, como cualquier otra categoría temática. Y las identifico como: “Clase A”, “Clase B”, y “Clase C”
    1. Blogs de “Clase A”. Son aquellos blogs favoritos o de obligada lectura (por el motivo que sea). Se publican en ellos artículos que debo revisar sí o sí. No hay otra opción que revisarlos a conciencia cada semana.
    2. Blogs de “Clase B”. Son aquellos blogs de lectura habitual. Los leo regularmente y hago lo posible por revisarlos todos porque seguramente contienen algo interesante. Este es el nivel de prioridad que marco a los blogs que caen en esta clasificación.
    3. Blogs de “Clase C”. Son blogs recién llegados, de los que desconozco su calidad y llegan a mi bandeja de entrada en “modo prueba”. También están en esta categoría los blogs que no necesito revisar con urgencia o que pasarlos por alto no tiene demasiado impacto. Los reviso muy por encima, con la única intención de detectar alguno que valga la pena y merezca (como se dice ahora) un “upgrade” a un nivel superior, a una “Clase B” o “Clase A”.

Y, ¿cómo implemento este sistema de organización?

Existen en el mercado un buen número de herramientas para organizar las lecturas de blogs. Son los llamados lectores o agregadores de suscripciones RSS/Atom. Los hay como programas informáticos instalables en nuestro ordenador, como aplicaciones móviles para nuestros smartphones o como aplicaciones web en Internet. La oferta es bastante completa.

Yo en particular utilizo actualmente Feedly, un lector de blogs que cuenta con versión web, móvil y de escritorio. Con la continuación de este artículo próximamente y una vez presentados los diez pasos para organizar tus lecturas de blogs, daré las claves para implementar y utilizar este sistema de organización con Feedly. Con esta herramienta podemos buscar, seleccionar, suscribirnos y clasificar los blogs tal y como se ha detallado en este artículo. Pero también podremos llevar a cabo el resto del proceso de organización con Feedly: revisar, leer, compartir y desechar.

¡Hasta la próxima entrega!

Fotografía 1 | The Future of Books de Johan Larsson en 500px
Fotografía 2 | FABEEX MAGAZINE in Ipad de creperson en 500px

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Las tareas nacen, crecen, se reproducen y mueren: trabajar a «semana vista» para tomar el control

Las tareas nacen, crecen, se reproducen y mueren. Lo experimentamos a diario. Cada mañana llegan nuevas obligaciones y con ellas nuestras bandejas de entrada se van llenando de «asuntos que atender». Es la esencia del trabajo y es inevitable. Otras tareas que dábamos por resueltas, se complican, crecen y crecen por un efecto bola de nieve, a veces imprevisible. Muchas de las tareas terminan generando nuevos problemas, y nuevas tareas deciden llegar al mundo. Afortunadamente, hay tareas que conseguimos finalizar y las tachamos de la lista. Mueren.

Un lunes cualquiera es posible que el número de tareas que logremos finalizar sea mucho menor que el número de nuevas tareas que han decidido aterrizar ese día. Pero seguramente, un miércoles, nos encontramos con una de esas jornadas productivas en las que sacamos adelante muchos asuntos, y de forma inesperada, ninguna nuevas tarea decide asomarse. Al final, lo importante es que el balance de tareas que entran (nuevas) y las que salen (realizadas) sea cero. No siempre será sencillo terminar el día con este equilibro, pero si en el plazo de una semana o un mes. Dependerá lógicamente del tipo de trabajo al que nos enfrentamos. Cada profesión es un mundo, pero también es verdad que en todas ellas hay tareas que realizar.

No siempre podremos prever la aparición de nuevos frentes de trabajo y menos planificar el tiempo disponible durante la jornada para atacarlos. Muchas tareas llegan silenciosas, de puntillas y sin previo aviso, y junto a los fastidiosos imprevistos (siempre algo más ruidosos), son la combinación ideal para desmontar un día entero de trabajo y truncar cualquier planificación que hubiéramos podido hacer.

Una fiesta de tareas

task-done-flatEn cuestión de gestión de tareas, cualquier día de trabajo podríamos vernos en escenarios muy diversos: desde jornadas ideales de trabajo, despejados de obligaciones inminentes, a días llenos de imprevistos. Aunque hay muchas más combinaciones de posibles sucesos, se pueden identificar fácilmente cuatro posibles escenarios, de más a menos ideal.

Escenario 1. Los amigos en la fiesta son los de siempre
Empezamos la mañana con una selección de tareas de nuestra lista de cosas que hacer. Previamente hemos llevado a cabo una excelente planificación de nuestro trabajo, así que, idealmente, todas las tareas que tenemos por delante no vencen ese mismo día. Tampoco son de hoy para mañana, sino que contamos al menos con una semana de margen. Todo un lujo. Además, no hay nuevas tareas a la vista, así que podemos procesar una a una las tareas previstas sin la presión de tener que terminarlas de hoy para hoy. Sería la jornada perfecta; los amigos invitados a la fiesta son los de siempre y no podemos sentirnos más cómodos.

Escenario 2. Un amigo no tan amigo en la lista de invitados
Empezamos la mañana con una selección de tareas de nuestra lista de cosas que hacer. Nuestra planificación del trabajo tiene algunas lagunas, así que nos encontramos con tareas que vencen al día siguiente o incluso ese mismo día. En nuestra lista de invitados a la fiesta había algún compromiso, algún amigo no tan amigo, pero ya lo sabíamos de antemano y estamos preparados para ello. En este escenario, afortunadamente, tampoco se presentan nuevas tareas (y damos gracias por ello), pero la presión de terminar las cosas de hoy para hoy es inevitable.

Escenario 3. Llegan nuevos amigos a la fiesta
Empezamos la mañana con una selección de tareas de nuestra lista de cosas que hacer. Nuestra planificación del trabajo sigue siendo pobre, así que nos encontramos con tareas que vencen al día siguiente o incluso ese mismo día. Como es habitual (y más realista), durante la jornada se presentan nuevas tareas que añadimos a nuestra lista. Intuíamos incluso que algunas estaban al caer, así que tampoco son gran sorpresa. Han llegado nuevos amigos a la fiesta que no habíamos previsto, pero no son visitas incómodas. Esta vez tenemos suerte y las nuevas tareas no son de hoy para hoy, ni de hoy para mañana (y también damos gracias por ello). Sin embargo, sí lo son muchas de las que ya teníamos en nuestra lista inicial. No queda otra que trabajar a contrarreloj.

Escenario 4. Los amigos no deseados se cuelan en la fiesta
Empezamos la mañana con una selección de tareas de nuestra lista de cosas que hacer. No hemos logrado mejorar nuestra planificación del trabajo, así que nos seguimos enfrentando a tareas que vencen ese mismo día. Durante la jornada aparecen nuevas tareas que añadimos a nuestra lista. Sin embargo, en este escenario se termina la racha de suerte y las nuevas tareas, según el jefe, son de hoy para hoy. Los imprevistos se mezclan con las obligaciones que ya teníamos, y ahora hay que improvisar una nueva planificación, también de hoy para hoy (o de ya para ya), para sacar adelante un gran número de tareas que debemos finalizar en las próximas horas. De pronto han llegado amigos no deseados a la fiesta y además, lo han hecho sin avisar.

No hay duda. El escenario ideal es el primero. En él encontramos un día despejado de nuevas tareas que nos permite concentrarnos en nuestra lista de cosas que hacer. Sin embargo, no es una situación realista. En cualquier trabajo es habitual que durante la jornada aparezcan nuevas acciones que realizar, sea cual sea el plazo de vencimiento. ¿Cómo enfrentarse a esta situación?

La clave: adelantarse a los acontecimientos

Las cuestiones clave respecto a los distintos escenarios que se pueden dar son: «¿qué es lo que puedes controlar?» Pero sobre todo, «¿qué es lo que no puedes controlar?» La respuesta es bien sencilla.

calendar_clockNo puedes controlar lo que no puedes prever, porque es precisamente eso: un imprevisto. En cada jornada de trabajo hay que contar con el invitado sorpresa, esa tarea que puede aparecer sin previo aviso. Además, alguna vendrá con la etiqueta «urgente» y no habrá más opción que aparcar otras tareas para poder atajar el nuevo frente. Con suerte, otras nuevas tareas no serán prioritarias, y las podremos planificar de nuevo convenientemente en nuestro sistema de organización.

Lo que sí puedes controlar es el resto de tareas «fijas», lo que no son imprevistos, y que en general conformarán la mayor parte de nuestro trabajo diario (está claro que un entorno de trabajo en el que todo es improvisación, necesitará con urgencia una revisión en profundidad). Si aparece una nueva tarea que vence en dos o tres semanas, no hay excusas para no hacer una buena planificación. Solo se trata de coordinar la realización de la tarea con el resto de acciones de nuestra lista, con el objetivo de no dejar el trabajo para el último día. En este baile de tareas que entran y salen, la única dificultad es organizar y repartir bien las tareas en el tiempo para no acabar haciendo el trabajo de hoy para mañana.

No podemos pronosticar los imprevistos, pero al menos podemos poner todo el empeño en planificar al máximo aquello que sí podemos prever. Lo ideal sería trabajar al menos a una «semana vista». Imagina estar finalizando hoy una tarea que debes entregar en una semana, o en quince días o incluso un mes. La clave está en adelantarse a los acontecimientos y para ello está claro que habrá que «tomar algo de carrerilla», como quien retrocede algunos pasos para tomar impulso para luego dar un salto. En algún momento habrá que hacer un esfuerzo extra para ganarle tiempo a nuestra agenda y competir con ventaja. Adelantando trabajo en tareas etiquetadas como «fijas», conseguimos gestionar mejor el trabajo «variable» e imprevisible. Así, podremos dedicar el tiempo a los imprevistos, porque tendremos bajo control el resto de tareas «fijas», cuya fecha de vencimiento sabemos que no es inminente.

Un ejemplo clásico es la tarea de estudiar un examen (salvo que sea un examen sorpresa de un día para otro, y por tanto un imprevisto). En general, un estudiante conoce la fecha de un examen con cierto tiempo de antelación. Ya es responsabilidad del alumno apurar el tiempo y acabar estudiando los últimos días, o puede hacer una buena planificación del estudio antes de la fecha del examen. Si el alumno deja el estudio para días muy cercanos al examen, corre el riesgo de que aparezcan otros imprevistos (entrega de trabajos, deberes, incluso un resfriado…) que le impidan estudiar con la calma y concentración requeridas. ¿Una tranquila tarde de estudio para un examen en dos semanas o una frenética tarde intentando memorizar decenas de páginas para el día siguiente? La opción correcta está clara.

Siguiendo con el ejemplo académico, un profesor sabe qué clases impartirá a lo largo del curso. Está en su mano adelantar la preparación de sus asignaturas para no verse un miércoles por la tarde cualquiera preparando una clase para el jueves a las ocho de la mañana. El día a día de un docente ya está lleno (muy lleno; doy fe de ello) de imprevistos y nuevas tareas que no son las de impartir una clase. Es por ello que conviene adelantar el trabajo que sabemos que se deberá realizar sí o sí. Y la preparación de recursos para una clase es un buen ejemplo de tarea «fija».

En cualquier de las situaciones como estudiar un examen, preparar las clases, escribir los artículos de un blog, preparar un informe mensual o cualquier grupo de tareas o proyectos que pueda ser planificados, merece la pena elegir la estrategia inteligente de tomar algo de carrerilla y disponer siempre algo de trabajo avanzado y con cierta antelación. Para ello solo hace falta disciplina, constancia y una buena planificación.

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

Fotografía | «Daily Shoot 10.22.10 [Time]» de Marie Coleman en Flickr

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