25 es el número de la productividad


Desde que leo y escribo sobre organización personal, tengo la impresión de que el número 25 aparece con bastante frecuencia. Se presenta como un número muy conveniente en muchos ámbitos de la productividad. El número 25 no es solo un cuadrado perfecto, sino también la excusa perfecta para escribir sobre tareas y hábitos.

Bloques de 25 minutos

Una opinión bastante generalizada es que veinticinco minutos es la duración óptima para trabajar concentrado en una tarea determinada. De hecho, según la técnica Pomodoro de la que ya hemos hablado en este blog, una forma muy productiva de dividir el tiempo de trabajo es hacerlo en sesiones de 25 minutos, con descansos de 5 minutos entre sesiones (pomodoros) y una pausa más larga de 20 minutos después de cuatro bloques de trabajo.

Te invito a leer el artículo Administra bien tu tiempo: 8 beneficios de la técnica Pomodoro. Un bloque de 25 minutos puede ser suficiente para mantener vivo cada día un proyecto con el que no acabamos de arrancar. Y 25 minutos también es un tiempo muy aconsejable para hacer una revisión diaria efectiva. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

12 rutinas (y 4 manías) para cerrar bien el día

Sentirse productivo y cerrar bien el día es una sensación que merece la pena experimentar de vez en cuando. Tan importante como trabajar de forma organizada durante la jornada también lo es cerrarla con éxito, sin ataduras ni preocupaciones; aunque sabemos que no es tarea fácil.

Para desconectar del trabajo es fundamental, no solo detener sin más nuestra actividad a una hora determinada, sino cerrar correctamente la jornada siguiendo una serie de rutinas. Cada uno desarrolla las suyas pero todas tienen en común el hecho de aplicarlas de forma sistemática cada día. Siempre conviene seguir más o menos los mismos hábitos cuando la jornada de trabajo llega a su fin.

Es imposible terminar en un solo día todas las tareas que tenemos pendientes. Además, seguramente muchas de las tareas, y por supuesto los proyectos, deberán quedarse a medias. Está en nuestra mano tratar de ser extremadamente organizados y anotar el estado en que queda el trabajo para poder retomarlo con calma y seguridad al día siguiente. Y si no queremos estar constantemente pensando en el trabajo durante nuestro tiempo de ocio, hay que aprender a echar el cierre. Si nos vienen a la cabeza asuntos laborales mientras vemos una película con la familia, algo hemos hecho mal cerrando el día de trabajo.

Presento en este artículo dieciséis rutinas que pueden ayudar a cerrar bien el día. Confieso que cuatro de ellas son manías personales. Realmente son pequeñas acciones, sencillos gestos que de algún modo nos recuerdan, a fuerza de adquirir el hábito, que la jornada de trabajo terminó. Cada uno puede inventar las suyas, o quizá ya las tenga, pero la clave está en realizarlas sistemáticamente cada día, sin excepción.

 

Vacía y… vacía

A lo largo del día vamos acumulando información, a veces sin control. Una nos llega y no podemos evitarla; otra la generamos nosotros. En cualquier caso, para no terminar padeciendo el síndrome de Diógenes digital, es importante adquirir el buen hábito de vaciar a diario.

  1. Revisa tus libretas en busca de notas. Si apuntaste algo durante la jornada, por algo o para algo sería. No dejes que termine el día sin haber revisado a fondo todas las notas que hayas tomado, sea cual sea el formato que hayas utilizado. «Vacía» tus notas, las digitales (Evernote, OneNote, etc.) y las físicas (libretas, post-it, etc.).
  2. Localiza en tu teléfono móvil las fotografías y capturas de pantalla que hayas hecho hoy, sobre todo si están relacionadas con el trabajo. Decide qué hacer con ellas; elimina las que no necesites y organiza las que hayas conservado.
  3. Vacía la papeleras, la física y la virtual. Objetivo: ningún papel en tu papelera y cero documentos en la papelera de reciclaje de tu ordenador.
  4. Limpia el historial de descargas y la caché de los navegadores web que hayas utilizado. Escanea tu ordenador en busca de archivos temporales que puedas eliminar. Saca la basura digital cada día. Esta es una manía personal.

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Desarrolla tus hábitos y alcanza tus objetivos con Coach.me

En diciembre del año pasado, hace apenas unos días, propuse un reto para 2020 que consiste en trabajar 12 hábitos durante 12 meses siguiendo 12 reglas muy concretas. Y para hacer un correcto seguimiento, compartí una plantilla en la que poder ir registrando nuestro progreso. La idea es imprimir el documento para colgarlo en algún lugar visible en casa, de modo que sea un constante recordatorio para que vayamos marcando el éxito o fracaso diario con el reto. Sé que el papel no es para todos, y alguno prefieren el modo digital para ir anotando sus avances con este desafío.

Existen decenas de aplicaciones móviles para el seguimiento de objetivos y hábitos. Las hay muy sencillas y también sofisticadas. Las hay gratuitas y también de pago; y de este último tipo aparecen cada vez más con un modelo de suscripción mensual o anual para poder utilizar todas las funciones. En los últimos años he probado varias apps y, curiosamente, al final he terminado utilizando una de las primeras que empecé a usar. Se llama Coach.me, es gratuita, sencilla de utilizar y cumple con su función principal: registrar nuestros hábitos. Una opción perfecta para hacer un seguimiento del reto «12 meses, 12 hábitos».

El equipo de Coach.me sostiene que no se puede mejorar aquello que no se puede medir. Y estás son algunas de las funciones que incorpora para este propósito de registrar y cuantificar nuestro progreso con nuevos hábitos: Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

12 nuevos hábitos en 2020

En agosto de este año que ya termina publiqué el artículo «12 meses, 12 hábitos, 12 reglas». En él os proponía el reto de trabajar 12 hábitos durante 12 meses siguiendo 12 reglas muy concretas. Lancé la iniciativa a finales de verano porque para muchos septiembre es el mes de los nuevos propósitos, proyectos personales y cambios de hábitos. Yo soy de septiembre. Sin embargo, en enero llegan también los propósitos de Año Nuevo y por tanto es el mes perfecto para lanzar de nuevo el proyecto.

Recuerdo el formato del reto: se trata de hábitos diarios y el objetivo no es otro que poner en práctica los 12 cada mes, siempre permitiendo cierto margen. Sin embargo, cada mes estará dedicado a un hábito concreto que debemos cumplir a diario sin excepción.

Comento brevemente las reglas, que también aparecen resumidas en la infografía al final de este artículo. En el post original encontrarás información ampliada sobre las normas del reto. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

12 meses, 12 hábitos, 12 reglas

Yo soy de septiembre. Otros muchos prefieren marcar en su agenda el 1 de enero como el primer día de un nuevo año lleno de propósitos, proyectos personales y cambios de hábitos varios. Yo, sin embargo, como decía, soy más de septiembre. Por tradición más que por profesión, lo cierto es que el inicio del curso académico es el que marca también una nueva etapa. Entre otras cosas porque es en septiembre cuando llego con las pilas cargadas, con energía suficiente para dar forma a esas ideas que he ido esbozando durante el verano.

Nuevo curso, nuevos hábitos

Este «año» no es una excepción. Más que proyectos nuevos (que algo hay), se avecinan cambios de hábitos. O al menos la intención de cambiarlos. Suele ser durante el mes de agosto cuando suelo revisar a fondo estas cuestiones como parte de la preparación de los siguientes doce meses.

Básicamente dedico un tiempo a confeccionar una lista muy simple con aquellos hábitos que me gustaría desarrollar, cambiar, eliminar o mejorar y dejo por escrito algunas ideas sobre cómo pretendo ir haciéndolo. Suelo anotar la lista de hábitos con los que conviene comenzar y decido la frecuencia con la que voy a llevar a cabo cada uno de ellos. Porque realmente hay hábitos diarios y otros de carácter semanal.

Si nos paramos a pensar, son muchos los hábitos que hemos adquirido en nuestra vida. Unos son buenos hábitos, otros no tan positivos e inevitablemente también los hay malos, o muy malos. Lo importante es que, con el tiempo, seamos capaces de sustituir las malas prácticas por otras mejores para nuestra salud, nuestra organización personal, nuestro trabajo o nuestras relaciones familiares y sociales. Veremos que hay muchos ámbitos que merece la pena no dejar fuera.

Una planificación muy estricta del desarrollo de hábitos suele desembocar en fracaso y abandono. Así que con la idea de que «menos es más», siempre es mucho más efectivo seleccionar unos pocos hábitos y trabajar a fondo con ellos de forma progresiva y siendo flexibles al ponerlos en práctica.

12 meses, 12 hábitos

Durante este curso me he propuesto el reto de trabajar 12 hábitos durante 12 meses siguiendo 12 reglas muy concretas. En esta ocasión todos son hábitos diarios y el objetivo no es otro que poner en práctica los 12 cada mes, siempre permitiendo cierto margen. Sin embargo, cada mes estará dedicado a un hábito concreto que deberé cumplir a diario sin excepción.

Comento a continuación las 12 reglas que planteo en el reto y que permiten definir y concretar los hábitos, así como hacer un correcto seguimiento: Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Youtubers y productividad: el proyecto de Thomas Frank

Hay mucho escrito sobre productividad y organización personal. Si uno navega unos minutos por Internet comprobará que la oferta de blogs es muy amplia. También si paseamos entre las estanterías de una librería, no tardaremos en encontrar una sección dedicada a este tema en particular, que además sigue teniendo su público fiel. Está claro que la gente quiere organizarse mejor y quieren aprender a hacerlo. Y las editoriales han sabido verlo.

Pero en el mundo de la productividad (todo un mundo), no solo tenemos blogs y libros para aprender. También en YouTube hay buenos recursos para empezar con la productividad desde cero, ampliar conocimientos o afianzar los ya adquiridos. Y como hacemos también con cualquier medio escrito (en papel o en digital), en las plataformas audiovisuales, y especialmente en YouTube, conviene filtrar y hacer un poco de selección. Hay algunos creadores que están haciendo un buen trabajo y creo que puede ser interesante compartir sus proyectos en este blog.

Thomas Frank es un joven youtuber estadounidense que hace vídeos sobre productividad desde 2006. Suele publicar tres o cuatro vídeos al mes, y la temática está centrada principalmente en consejos y técnicas para ser más productivo en el proceso de aprendizaje. El público objetivo son tanto estudiantes de instituto, de universidad o profesionales. Al fin y al cabo, nunca dejamos de aprender (o no deberíamos). Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Organiza y selecciona tus lecturas: 7 ideas para leer más y mejor

Este artículo bien podría tratar del arte y excentricidades de cada uno para organizar los libros en las estanterías de nuestros hogares. Con el asunto habría para extenderse, desde luego. Pero no es el caso.

En esta ocasión prefiero hablar del proceso de organización personal de las lecturas de esos libros. Para quienes leemos con cierta frecuencia, el trabajo pendiente con las lecturas no parece terminar nunca: pilas de libros sobre la mesilla de noche, filas de libros nuevos en las estantes, o incluso cajas llenos de ellos, guardadas en el fondo de un armario. Algunos ejemplares, pobres, esperan abandonados meses o años a que algún alma caritativa y lectora, los adopte algún día. Siempre habrá épocas del año o fines de semana de compras compulsivas en librerías, y en alguno de esos paseos entre estanterías repletas de ejemplares, acabamos adquiriendo libros por encima de nuestras posibilidades; sobre todo de tiempo. Más que el lugar y orden que ocupa un ejemplar en un estante, las siguientes reflexiones tienen que ver sobre nuestras prioridades y decisiones para elaborar una lista de libros y el sobre el criterio para la elección de la próxima lectura.

1. ¿Organización o improvisación? Encuentra el equilibrio

EquilibrioPara responder a esta pregunta, es fácil empezar identificando básicamente dos tipos de lectores, con perspectivas algo diferentes respecto a la lectura.

El primer punto de vista es propio de quienes tratan los libros como algo sagrado y con alma propia, y que bajo ningún concepto debe ser medido. «No se puede ni debe planificar las lecturas…», «Los libros están para disfrutar», «No hay nada como improvisar la elección del siguiente libro y, sobre todo, el momento dedicado a la lectura.» o «Leo por placer, lo que quiero y cuando me apetece.», podrían ser algunas frases de este tipo de lector más romántico.

El segundo, es más propio del lector práctico, buscando el método más eficiente para leer más en menos tiempo, tocando todos los géneros a ser posible. Frases típicas de este tipo de lector serían: «Un nuevo libro ha caído en mis manos… ¡pero todavía otros pendientes en mi lista! Tendrá que esperar», «Con este libro no aprendo nada nuevo» o «Tengo que incrementar el número de páginas al día con otro tipo de lecturas. Debo llegar a mi objetivo»

Puedo poner cara a lectores de los dos tipos. Pero como otras tantas decisiones que tomamos a diario, donde nada es blanco o negro, parece que el enfoque más razonable parece estar a medio camino entre los dos puntos de vista anteriores. Disfrutar de los libros e improvisar la lectura de un nuevo ejemplar no está reñido con poner un poco de orden y hacer una selección inteligente de los libros que devoraremos en los próximos meses.

2. ¿Cuántos libros puedes leer en tu vida? Sé selectivo

Esqueleto leyendo¿Por qué creo que es interesante planificar y organizar mínimamente nuestras lecturas de libros? Principalmente porque el número de páginas que podemos leer en nuestras vidas es limitado, y si hacemos algunas cuentas, nos sorprendería conocer la cantidad de ejemplares que podríamos terminar antes de decir adiós a este mundo. Y ya avanzo que no son tantos.

Siempre alardean de tener 5000 libros almacenados en su e-book aquellos que probablemente no leen con demasiada frecuencia. Quien lo hace regularmente, sabe que 5000 son muchos libros. Si una persona lee un libro al mes, 12 año al año de media, en 50 años habrá logrado terminar 600 obras; algo impensable teniendo en cuenta los resultados de recientes estudios sobre hábitos lectura entre la población. Con estos números a la vista, no cabe duda de que hay que ser un poco más selectivo con lo que leemos.

3. ¿Cuál es tu próxima lectura? Elige bien

SiguienteElaboro todos los años una lista de «siguientes lecturas», que simplemente me sirve de referencia y que por supuesto acabo modificando cuando aparece una obra a la que no me puedo resistir. Una lista inicial de libros siempre presente, consigue evitar muchas veces la elección impulsiva de alguna novedad. Sin una lista es posible que olvidemos grandes obras que tenemos esperando en el estante.

No hay nada malo en salirse del guión, pero conviene hacerlo sobre una propuesta inicial de lecturas, que obligue al menos a preguntarnos si tan urgente es ese nuevo libro que ha caído en nuestras manos. Si por motivos personales o profesionales realmente tiene prioridad, adelante con la página uno. El resto de libros simplemente bajará una posición en el orden de lectura. Al fin y al cabo, las reglas están para romperse, y no hace falta ser tan estricto. La lectura hay que disfrutarla y es importante encontrar el equilibrio entre improvisación y organización del que he hablado en el primer punto.

4. Abre tus círculos: comparte lo que lees

CompartirUna vez preparada la lista de próximas lecturas, una buena iniciativa es compartirla al menos con nuestro círculo más cercano de familia y amigos. No importa el formato: un documento de Word, un e-mail, un WhatsApp o una lista en papel. Es cierto que el compromiso de lectura es personal, pero compartir nuestra lista de libros con otras personas siempre es positivo. Es habitual que lleguen aportaciones en forma de recomendaciones de otros libros o ánimos para no abandonar tus lecturas.

Además, las redes sociales nos lo ponen ahora en bandeja. Podemos publicar nuestra lista en Facebook, en Twitter o en Instagram, para unos pocos en un entorno más familiar o públicamente para el mundo entero, incluidos los propios autores de las obras que leemos. De hecho, muchos escritores son usuarios activos en ese tipo de redes sociales (y son ellos mismos los que publican). Además no es extraño que alguno conteste a alguna mención de sus lectores sobre su obra en Internet, algo que siempre hace ilusión, impensable antes de la era digital.

Yo decidí publicar mi lista en una wiki que mantengo desde hace algunos años. Allí está en permanente construcción un pequeño rincón de lectura, con listados de los últimos libros que he leído recientemente, los que pretendo leer y los que me tienen atrapado actualmente. Y he conseguido el orden de lecturas que pretendía. Objetivo cumplido.

5. Lecturas productivas: todo es cuestión de hábito

RelojTodo es cuestión de hábito. Y con la lectura lo es especialmente. Hay quien aprovecha los fines de semana para hacer verdaderas maratones de lectura. Y no les va mal: a final de mes han leído el mismo número de páginas o más que quienes lo hacen con más regularidad, dedicando un tiempo fijo al día. «Cada maestrillo tiene su librillo», y también sus horarios, y no seré yo quien venga a deshacer las costumbres de los buenos lectores.

Sin embargo, yo prefiero las lecturas constantes, a diario y con horario más o menos fijo. Para quienes no tengan el hábito de lectura muy desarrollado, quizá este sea la mejor forma de adquirirlo. Nadie puede afirmar no tener unos minutos al día para la lectura. Probablemente cuenta con ellos, pero los invierte en otras actividades. Un buen sistema es uno establezca un mínimo diario: al menos un poco cada día, paso a paso, granito a granito.

Luego también podremos aprovechar distintos momentos del día para avanzar en nuestra lecturas, pero esos minutos extras serán ya de regalo. Piensa un momento en los tiempos que desaprovechamos, en los que no hacemos nada salvo esperar: los trayectos en transporte, las esperas para una cita médica o en la cola de la administración. Cualquiera de esos huecos es una oportunidad para sumar algunas páginas. Y para poder exprimir bien esos ratos improductivos, no queda otra que tener también la buena costumbre de llevar siempre nuestro libro o e-book con nosotros. Como digo, cuestión de hábitos.

6. Encuentra tu motivación (la que sea)

MotivaciónLeemos por placer, pero también para aprender, a veces por curiosidad y otras por necesidad. Lo importante es que uno encuentra su motivación personal para abrir un libro y dejarse enredar entre sus páginas.

Muchos asocian leer con devorar la última novela «best seller». Sin embargo hay muchísimos otros géneros que habitualmente se dejan fuera de las opciones y con los que posiblemente uno se sienta más cómodo leyendo. Narrativa, poesía, teatro, novela policiaca, de terror, histórica y de aventuras, de ciencia-ficción, fantasía, novela romántica, libros de arte, de música, de historia, política, de divulgación científica, de empresa, informática, de gastronomía, de salud y deporte. Solo se trata de buscar nuevas lecturas en otros géneros. Y cuando se trata de descubrir otras categorías de libros, mantener una lista de lecturas y poder explorar las de otros lectores se vuelve imprescindible.

Es posible que en nuestro círculo de amistades o familiar no encontremos la variedad de gustos necesaria para encontrar nuevas lecturas. Es aquí donde Internet tiene mucho que aportar. Por ejemplo, la red social Goodreads, una «comunidad de catalogación», reúne a millones de lectores de todo el mundo que comparten sus gustos, publican reseñas y el progreso de sus lecturas. En esta red, disponible también como aplicación móvil, podemos encontrar la ficha de cualquier libro de cualquier género y consultar las valoraciones y opiniones de quienes han tenido la oportunidad de leerlo. También permite organizar listas personalizadas de libros, para marcar el estado de lectura de un libro y clasificarlo según nuestro propio criterio.

Goodreads también ofrece la opción de unirse a un reto de lectura. Siempre es divertido iniciar algún desafío de este tipo e incorporar un componente lúdico (la popular «gamification» en inglés) al progreso de lectura de nuestra lista de libros.

7. Busca otra excusa que no sea «no tengo tiempo»

Dos librosVolvemos a los números. Si un adulto es capaz de leer una media de 250 palabras por minuto, y suponemos que una página de un libro contiene ese número aproximado de palabras, la persona será capaz de leer unas 30 páginas en 30 minutos, quizá algunos más. Y creo que media hora de lectura al día es un objetivo bastante razonable, asequible para cualquier mortal. Otra cuestión es el hábito, la constancia… Así que, si seguimos haciendo números, un adulto en un mes podría leer fácilmente unas 900 páginas, dedicando apenas minutos de su jornada. Y para una extensión media de una obra, un total de 900 páginas pueden ser perfectamente 2 o 3 libros al mes. Y asumiendo que algún día hemos faltado a nuestra cita con los libros, podemos dejarlo en 2 libros al mes. En un año: 24 libros. Definitivamente no puede terminar el año y decir que no pudimos leer ningún libro. Así que busca otra excusa que no sea «no tengo tiempo».

Hazlo hoy, en 5 pasos:

  1. Ve allí donde guardas tus libros
  2. Elabora una lista de lecturas pendientes
  3. Toma el primer libro de la lista
  4. Ábrelo por la primera página
  5. Empieza a leer.

¡Feliz lectura!

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Inbox 0: vacía tus bandejas

En materia de organización personal todos y cada uno de los pasos en el proceso son importantes. La clave del éxito no sólo reside en saber finalmente ordenar y priorizar las diferentes tareas que se presentan cada semana. Saber recopilar correctamente lo que hay que hacer, también es determinante para conseguir la organización eficaz que buscamos. Convertir toda la información que nos “ataca” a diario desde distintos frentes, en tareas con acciones individuales y concretas, es todo un arte. Puede ser una llamada telefónica, un correo electrónico, un mensaje en un chat o una anotación que nosotros mismos hemos dejado en nuestra lista de temas pendientes. Las vías de entrada pueden ser de lo más diverso, pero es fundamental tenerlas todas bien identificadas, porque cualquiera de ellas puede traer consigo una tarea que tarde o temprano deberemos realizar. Por tener una imagen gráfica, podríamos imaginar que todas las nuevas tareas caen finalmente en diferentes bandejas.
Esta idea aparece prácticamente en todos los métodos de organización y productividad. De hecho, forma parte de la terminología GTD, el método Getting Things Done de David Allen, que en sus publicaciones hace constantemente referencia al concepto de «bandeja de entrada». En muchas aplicaciones móviles y otros programas para organización personal, aparece tradicionalmente el término en inglés: «inbox».

¿Qué es un bandeja de entrada?

Bandeja tradicionalEn términos de organización personal, una «bandeja de entrada» es un lugar físico o virtual donde mantenemos temporalmente las cosas que necesitarán alguna atención. En algunas bandejas de entrada somos nosotros quienes decidimos introducir un nuevo elemento. En otras, sin embargo, las tareas nos llegan por sorpresa, y hay que saber gestionarlas bien y darles la prioridad que se merecen, sin caer en el error de intentar atenderlas en el mismo instante en que llegan. Somos nosotros quienes debemos organizar nuestro trabajo, y no dejar que sean otros los que decidan cómo gestionar nuestro tiempo. Otro asunto es la urgencia o la importancia con las que haya que tratar cada una de las tareas, las hayamos definido nosotros o nos hayan sido asignadas por otras personas.

En una primera clasificación podemos diferenciar dos tipos de bandejas: las digitales y las que no lo son. Todos hemos utilizado alguna vez bandejas de entrada tradicionales. Son esas bandejas, de madera, plástico o metal, Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Dona. Recicla. Regala. Vende.

Si estás en casa, antes de continuar leyendo este artículo, detente un instante y mira a tu alrededor. Sin moverte de donde estás, observa los objetos que te rodean. Apuesto que ha habido alguno al que has dedicado algunos segundos de más, bien porque ocupa demasiado espacio, quizá porque no te gusta o ya no lo utilizas. Simplemente no lo quieres. Pero ahí sigue, acompañándote cada día.

Paradójicamente, deshacernos de cosas que ya no queremos o no necesitamos es una tarea de lo más complicada. Siempre estamos a tiempo de inventar una nueva excusa. Entre las más habituales están el valor sentimental por ser un recuerdo personal, la posibilidad de necesitarlo algún día —que por cierto nunca acaba de llegar—, o el esfuerzo económico que supuso adquirirlo en su momento. En cualquiera de los casos, pretextos para no dejarlos salir de casa.

Comparte en las redes sociales los objetos que ya no necesitas

Dona. Recicla. Regala. Vende

El collage de fotos debe incluir 4 objetos: uno para donar, otro para reciclar, uno para regalar y alguno para vender. Luego, ¡compártelo en tus redes sociales!

Y, ¿dónde cabe aquí la tecnología? En este caso Internet y en particular las redes sociales, pueden jugar un papel importante para lograr un compromiso personal. El proceso de desarrollar un nuevo hábito como el de desprenderse de algunas pertenencias de vez en cuando, será más efectivo si lo compartimos con alguien. ¿Por qué algunos amigos publican en Facebook o Twitter su marcas cuando salen a correr? Uno de los motivos es el de encontrar una motivación extra para continuar con el hábito y siempre con el propósito de mejorar. Si no tenemos la fuerza de voluntad suficiente para los retos difíciles, recurrir a otras personas que “vigilan” si hemos cumplido o no, puede ser de gran ayuda.

Y con los objetos que nos sobran, ¿a qué nos podemos comprometer? Piensa que los artículos que ya no necesitamos, pueden tener mejor dueño. Siempre habrá alguna persona que los valorará mucho más que nosotros. Un objetivo realista de deshacerse cada semana de algunos objetos, puede ser un ejercicio no solo solidario, sino también liberador, por qué no decirlo. Y el destino final no siempre tiene por qué ser el cubo de la basura. Hay otras opciones: donar, reciclar, regalar y vender.

Nuestro compromiso semanal lo podemos compartir fácilmente publicando en nuestra red social favorita (Facebook, Instagram, Twitter, etc.) una simple composición de fotos hechas con la cámara de un móvil, como aparece en el esquema con cuatro colores. En cada marco irá la foto de un objeto, según hayamos decidido qué hacer con él. Sobre todo será práctico para que nuestros amigos y contactos puedan ver qué hemos decidido reutilizar, regalar o vender.

Del amplio catálogo de aplicaciones móviles para confeccionar un collage de fotos, hay varias soluciones bastante atractivas. Para iOS tenemos Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Son las ocho en punto

Son las ocho en punto y os doy la bienvenida a este es blog sobre tecnología y organización personal. Existe en el mercado infinidad de soluciones informáticas que pueden hacernos el trabajo un poco más fácil. En este espacio pretendo compartir estas experiencias.

La tecnología en general y la informática en particular, han instalado en nuestras vidas nuevos hábitos. Si bien es cierto que algunos nos hacen perder el tiempo, otros sin embargo, bien adquiridos, pueden suponer nuevas formas de resolver los problemas del día a día. El planteamiento es simple: si con el uso de un programa informático tardamos menos en realizar una tarea o mejoramos nuestra organización personal, ¿por qué no incorporarlas a nuestra rutina?

A todos nos interesa poder realizar las tareas de forma más eficiente para poder disponer de más tiempo y dedicarlo a lo que realmente es importante. En muchos casos la tecnología puede ser una aliada en eso que llaman la «gestión del tiempo», que no existe como tal, porque el tiempo es el que es y nunca podremos estirarlo o comprimirlo, por mucho que nos empeñemos en ello. Lo que sí podemos hacer es mejorar la forma en que hacemos la cosas.

El tiempo es nuestro activo más valioso, a pesar de que tendemos a desperdiciarlo, matarlo y gastarlo en vez de cuidarlo e invertirlo.

Muchas de las mejoras implican cambiar algún hábito, más que incorporar una nueva herramienta informática. Inevitablemente, en este blog se mezclarán muchas veces ambas cosas. Hay que hablar de tecnología, pero aplicada a la organización personal, y esto son hábitos y técnicas, que nada tienen que ver con el mundo digital.

La palabra «informática» procede de la combinación de las palabras «información» y «automática». Y en el ámbito de la organización personal de eso se trata precisamente: de conseguir automatizar la mayoría de tareas para conseguir cierto orden, y si es posible también ganar algo de tiempo para otros quehaceres. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…