Hazle un hueco a tu proyecto personal

¿Por qué organizarse? ¿No es suficiente ir haciendo sin más? Para estas preguntas hay siempre una buena variedad de respuestas. Unos se organizan porque la sensación de tenerlo todo bajo control les hace ayuda a concentrarse en la tarea que tienen entre manos. Otros defienden que con un buen método de organización consiguen hacer mucho más, o al menos de una forma más eficiente. Otros prefieren la improvisación, y con ella, el caos. Con el tema de la productividad, con o sin ella, personal o en el trabajo, cada uno encuentra la motivación donde quiere.

Personalmente, entre la variedad de respuestas, las que más sentido tienen son aquellas que proponen una buena organización para tener más tiempo libre para los proyectos personales de uno. Así de sencillo. Y de esta cuestión trata este artículo.

Proyectos vs. tareas

Los métodos más populares de organización personal diferencian claramente entre «tarea» y «proyecto». Diferentes técnicas de gestión también se basan en estos dos conceptos para proponer sus eficaces métodos. Pero sobre todo, el sentido común nos sugiere que es una forma acertada de organizar el trabajo. En general, y por no cargar el texto de definiciones, podemos decir que un proyecto se compone básicamente de tareas. Y la «tarea» es un elemento de actividad cuya acción se ha concretado.

Por ejemplo, el proceso de «escribir una novela» cabría en la definición de proyecto, y una tarea sería «elaborar la ficha de aspecto físico del protagonista de la novela». Es cierto que en ambos casos, proyecto y tarea son acciones concretas y realizables, pero es obvio que una tarde cualquiera nos enfrentaríamos a «elaborar una ficha» que a escribir todas las páginas de un libro de principio a fin. Parece entonces que trocear los proyectos en tareas es una buena idea y facilita el trabajo.

El proyecto como colección de tareas, como una secuencia de actividades, como un proceso prolongado en el tiempo para lograr un objetivo. A ese tipo de proyectos nos referimos, pero nos ocupan los proyectos de carácter personal.

Tu proyecto personal necesita un buen plan

Todos tenemos cuestiones personales que atender. Las obligaciones más rutinarias y menos atractivas, como organizar y limpiar la casa o hacer algunas recados, al fin y al cabo son tareas y como tales las podemos gestionar eficientemente con un buen método de organización personal. Para otras actividades como pasar tiempo con nuestra familia y amigos, nuestro único trabajo debería ser el buscarles el tiempo que merecen y abandonar el reloj (y el smartphone) para disfrutarlas sin distracciones. Hay momentos y experiencias que ni se miden ni deben ser parte de una planificación.

Entonces, ¿qué otros proyectos personales necesitan un buen plan? Probablemente algunos de nuestros momentos con amigos o responsabilidades familiares diarias, que lógicamente compartimos con otras personas, necesiten también un poco de organización, pero no son el objeto de este artículo. Ahora es el momento de revisar nuestros proyectos personales en el sentido más individualista de la palabra «personal».

Reservarse tiempo para uno mismo; de eso trata el asunto. Porque además la situación suele presentarse habitualmente de otra forma (y estrictamente en este orden): primero abordamos las cuestiones de trabajo, luego aquellas —personales o profesionales— que hacemos para otros y finalmente, si queda algo de tiempo, las que revierten en uno mismo.

A continuación comparto algunas ideas y consejos para que nuestro proyecto personal consiga tener su espacio en nuestra agenda.

1. Elige tu proyecto personal

En la lista de proyectos personales no pueden faltar los más típicos propósitos de Año Nuevo: hacer ejercicio físico, leer más libros, aprender un nuevo idioma (o mejorar el que tenemos atragantado), hacer más viajes al año, iniciar un blog o hacer nuevos cursos de formación. Pero también podemos innovar un poco y encontrar tiempo para escribir un libro, aprender a dibujar, conocer mejor nuestra propia ciudad, aprender cocina japonesa o visitar más museos. Más o menos tradicionales, más o menos originales, aunque necesitemos ayuda de alguien, estos proyectos los llevaremos a cabo para nuestro propio crecimiento, aprendizaje y satisfacción personal. Tiempo para uno mismo.

2. Hazle hueco

Ninguna de las propuestas de proyectos personales tendrá éxito si no tiene reservado un espacio en la agenda. Muchos propósitos de Año Nuevo no se cumplen por ese mismo motivo: quedan solo en meras intenciones si no tienen una reserva seria en el horario semanal. Es necesario establecer una frecuencia semanal y ser constante en ello. Todos conocemos las consecuencias de dejar los proyectos personales para «cuando uno tenga tiempo».

3. Ponle «fecha de entrega»

Establecer un plazo es tan importante como fijar las horas y días de la semana que dedicaremos a nuestro proyecto. Un compromiso de fecha de «entrega del proyecto» es fundamental, sea cual sea la duración. Si nos proponemos escribir y publicar un libro, es imprescindible imponernos unos límites de tiempo, sean meses o años. Lo que está claro es que dejar un proyecto personal con fecha límite y objetivos indefinidos, es garantía de fracaso.

4. Protege un bloque de tiempo

No solo bastará con reservar unas horas para las actividades del proyecto. Sin excepciones deberemos proteger el bloque de tiempo que hemos reservado para que nuestro proyecto salga adelante con éxito antes de que venza el plazo. Del mismo modo que uno no lee novelas en horas de oficina (salvo que su trabajo sea el de crítico literario), tampoco las horas de proyectos personales se deben dedicar a asuntos de trabajo. Unas horas no valen más que otras; simplemente por el hecho de que unas nos reportan un sueldo y otras no.

5. Reorganiza el resto de tareas

La organización del resto de tareas diarias girará en torno a este nuevo escenario de bloques de tiempo reservados para tus proyectos. Para las otras obligaciones contaremos lógicamente con menos horas, y quizá sea esta la mejor oportunidad para revisar prioridades y empezar a decir «no» a cuestiones completamente prescindibles. Cada día tiene (y tendrá) 24 horas y la cuestión no es comprobar resignados el poco tiempo de la jornada que nos ha quedado para nuestros proyectos, sino que se trata más bien de estudiar cómo hacer caber todos los tipos de proyectos, profesionales y personales, sacrificando también tareas, pero de ambos contextos.

6. Encuentra la motivación

Elegido el proyecto personal, asignada una frecuencia semanal y establecida una fecha límite, solo queda mantener la motivación. Unos días tendremos otras tentaciones, y si no existen, buscaremos la excusa perfecta para abandonar (diremos que solo por un día) nuestro proyecto personal.

Para los días en los que estamos más olvidadizos, un sistema de recordatorios puede funcionar. Cualquier aplicación de alarma o avisos en nuestro smartphone puede funcionar, pero también puede ser útil un buen cuadrante semanal en papel pegado en la nevera o cerca de nuestro escritorio.

En cuestiones de motivación, la solución ya no es tan trivial. Habrá proyectos para los que no necesitemos el empujón diario. Para otros, sin embargo, empezar no será sencillo. Pero todo es cuestión de hábitos y jugar un poco con ellos puede ayudar a mantener la motivación. De nuevo la ludificación (gamification en inglés) y las redes sociales en Internet pueden darnos el impulso que necesitamos. Por ejemplo, la aplicación Coach.me permiten confeccionar listas de hábitos y hacer un seguimiento de los mismos. De esta forma introducimos un componente de juego a medida que vamos alcanzando los objetivos diarios de nuestro proyecto personal, que además podemos compartir con otros usuarios de la red.

Nuestro proyectos personales merecen nuestro tiempo y con una buena organización podemos buscarles un hueco. Solo es cuestión de encontrar el equilibrio personal-profesional.

No existe falta de tiempo, existe falta de interés. Porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día, el martes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad.

Fotografía | «Typing» de Sebastien Wiertz en Flickr

No puedes gestionar tu tiempo… pero sí vigilarlo

Dicen muchos expertos en productividad que no es posible gestionar el tiempo, que se trata de un recurso fijo y limitado, y por tanto no puede ser ni comprimido ni estirado. Hasta aquí todos de acuerdo. No hace falta ser un gurú de la organización personal para compartir este argumento (que tiene todo el sentido bajo las leyes físicas por las que se rige nuestro universo). Aun así, seguimos encontrando oferta de cursos sobre «gestión del tiempo».

¿Quién no ha tenido alguna vez el deseo de poder contar con algunos minutos más al final del día? Sin embargo, sabemos que no es posible. Lo que si podemos hacer —y esto parece algo más razonable— es gestionar las tareas que ocupan ese tiempo. Conocidos métodos de organización personal como GTD inciden en esta cuestión. La clave del éxito está en el tratamiento que damos a las tareas que nos ocupan a diario, con los matices particulares que proponga cada técnica, pero no especialmente en planificar con todo nivel de detalle en nuestra agenda a qué actividades dedicaremos el tiempo. Una organización del tipo «a las 9h me pondré con esto y a las 9:45h con aquello», está en muchos casos abocada al fracaso. En primer lugar porque no siempre es sencillo (o posible) estimar el tiempo que invertiremos en una actividad y además porque el factor «imprevisto» puede aparecer en el momento más inoportuno. De modo que gestionar el elemento «tarea» siempre parece mejor solución que cualquier otro método de reserva de bloques de tiempo en nuestro calendario (salvo para casos muy particulares que merecen otro post).

Al menos podemos vigilar el tiempo

Quizá no podamos gestionar el tiempo, pero si desde luego controlar las horas para tomar las decisiones correctas cuando llega el momento de gestionar nuevas tareas que van llegando a nuestra bandeja de entrada. Hay preguntas, seguramente recurrentes para la gran mayoría, que deberíamos ser capaces de responder siempre: ¿Cuánto tiempo he invertido en un proyecto? ¿He dedicado demasiado tiempo a un grupo de tareas? ¿Cuántas horas «extra» he hecho esta semana? ¿Por qué nunca tengo tiempo para mis proyectos personales? Como digo, es fundamental poder dar respuesta a estas cuestiones para poner remedio a la «falta de tiempo». Si no somos capaces de conocer en qué se nos van los minutos, difícilmente podremos tratar el problema. Controlar, vigilar o monitorizar los minutos. Cualquiera de estas acciones sirven para describir la idea de realizar un seguimiento del tiempo invertido.

No hace falta decir que el objetivo no es en ningún caso medirlo absolutamente todo. Simplemente hay que poner la vista en aquellas áreas en las que queramos tomar de nuevo el control. Además, el proceso es bien sencillo: simplemente tenemos que anotar el tiempo que hemos dedicado una actividad. Y para ello podemos emplear desde las soluciones tradicionales de papel y bolígrafo, a recursos más sofisticados en forma de aplicación informática.

Los beneficios de registrar el tiempo

Llevo algún tiempo probando el registro del tiempo dedicado a tareas en algunas áreas y, en mi caso particular, reconozco que ha traído algunas ventajas, algunas inesperadas:

  1. Sé en qué se me van las horas. El beneficio directo está claro: registrando el tiempo que dedico a un determinado grupo de tareas, encuentro la explicación a la «falta de tiempo» en otras áreas de mi trabajo o de mi tiempo de ocio. Con los números sobre la mesa, ya es responsabilidad de cada uno tomar cartas en el asunto y hacer los cambios oportunos para reorganizar el trabajo poniendo de acuerdo agenda y listas de tareas.
  2. Organizo mejor las áreas de trabajo… y descubro que alguna merece una categoría aparte. Los registros obligan a definir grupos de tareas, proyectos o áreas de responsabilidad, algo que quizá hasta el momento no habíamos planteado, al menos por escrito.
  3. Evito el «picoteo de tareas». De vez en cuando, especialmente en momentos de poca concentración, tiendo a cambiar entre tareas de distinto origen, haciendo improductivas algunas horas. Con un registro de tiempo, al iniciar el temporizador, empieza un bloque de tareas de un grupo, lo que me obliga a mantenerme en una parcela de trabajo concreta.
  4. Decido mejor sobre la siguiente tarea. Saber que voy a registrar el tiempo dedicado a una tarea, me hace tomar mejores decisiones sobre qué trabajo iniciar, valorando la conveniencia o prioridad sobre otro grupo de responsabilidades.
  5. Soy más consciente del trabajo que tengo delante. Saber que corren los minutos me hace aprovechar mejor el tiempo. Pero no sé si tendrá el mismo efecto en todas las personas.
  6. Encuentro la motivación que me falta. Sé que la tarea que tengo entre manos, suma en este pequeño juego y eso siempre estimula.
  7. Consigo poner un poco más de orden en mi trabajo. A fuerza de proponer algo de estructura y secuencia a las tareas de mis «listas de cosas que hacer», consigo al menos ser un poco más productivo.

Y, ¿qué bloques o área de responsabilidad se pueden definir? Las habrá de carácter profesional y otras serán para proyectos personales. Las opciones son muchas: unos tendrán interés en registrar el tiempo que dedican fuera de su horario laboral a cuestiones de trabajo; y otros tendrán curiosidad por saber cuántas horas dedican a escribir en su blog (yo ya he empezado a hacerlo). Muchos preferirán conocer cuánto tiempo les lleva el mantenimiento de su casa al mes, y a otros cuántas horas semanales dedican al ejercicio físico. Lo importante es empezar a tomar el control del tiempo en aquellas áreas que queremos gestionar mejor.

Soluciones para registrar tu tiempo

La inversión en un sistema de control del tiempo es mínima. Una libreta, un bolígrafo y un reloj (el de mano o el del teléfono móvil) son suficientes para empezar a registrar y descubrir los minutos que dedicamos a nuestras tareas. Pero el «juego» siempre es más divertido si ponemos tecnología de por medio, ¿verdad?

Existe una infinidad de aplicaciones en el mercado. Algunas son simples temporizadores o cronómetros. Otras, más sofisticadas, como Timely, integran opciones que permiten detallar las tareas que realizamos, organizar los proyectos o áreas de responsabilidad, obtener una vista semanal o diaria de las actividades registradas con los tiempo globales, generar de informes con estadísticas, etc. Y además, es multiplataforma. Actualmente está disponible para macOS, iPhone, iPad, Apple Watch, Web y próximamente en Android. Tener la aplicación siempre «a mano» desde distintos dispositivos es fundamental para motivar (y no olvidar) su utilización. Si algo pide esta propuesta de registrar el tiempo es constancia.

La versión gratuita de la aplicación permite dar de alta a un usuario activo y un máximo de 5 proyectos (o áreas de responsabilidad), para mí más que suficientes. Para los más exigentes, existe también una versión Premium para ampliar estas limitaciones por un precio anual.

Timely

Timely | www.timelyapp.com
Fotografía | «numbers-time-watch-white» de CéLOGIK en Flickr

Organiza y selecciona tus lecturas: 7 ideas para leer más y mejor

Este artículo bien podría tratar del arte y excentricidades de cada uno para organizar los libros en las estanterías de nuestros hogares. Con el asunto habría para extenderse, desde luego. Pero no es el caso.

En esta ocasión prefiero hablar del proceso de organización personal de las lecturas de esos libros. Para quienes leemos con cierta frecuencia, el trabajo pendiente con las lecturas no parece terminar nunca: pilas de libros sobre la mesilla de noche, filas de libros nuevos en las estantes, o incluso cajas llenos de ellos, guardadas en el fondo de un armario. Algunos ejemplares, pobres, esperan abandonados meses o años a que algún alma caritativa y lectora, los adopte algún día. Siempre habrá épocas del año o fines de semana de compras compulsivas en librerías, y en alguno de esos paseos entre estanterías repletas de ejemplares, acabamos adquiriendo libros por encima de nuestras posibilidades; sobre todo de tiempo. Más que el lugar y orden que ocupa un ejemplar en un estante, las siguientes reflexiones tienen que ver sobre nuestras prioridades y decisiones para elaborar una lista de libros y el sobre el criterio para la elección de la próxima lectura.

1. ¿Organización o improvisación? Encuentra el equilibrio

EquilibrioPara responder a esta pregunta, es fácil empezar identificando básicamente dos tipos de lectores, con perspectivas algo diferentes respecto a la lectura.

El primer punto de vista es propio de quienes tratan los libros como algo sagrado y con alma propia, y que bajo ningún concepto debe ser medido. «No se puede ni debe planificar las lecturas…», «Los libros están para disfrutar», «No hay nada como improvisar la elección del siguiente libro y, sobre todo, el momento dedicado a la lectura.» o «Leo por placer, lo que quiero y cuando me apetece.», podrían ser algunas frases de este tipo de lector más romántico.

El segundo, es más propio del lector práctico, buscando el método más eficiente para leer más en menos tiempo, tocando todos los géneros a ser posible. Frases típicas de este tipo de lector serían: «Un nuevo libro ha caído en mis manos… ¡pero todavía otros pendientes en mi lista! Tendrá que esperar», «Con este libro no aprendo nada nuevo» o «Tengo que incrementar el número de páginas al día con otro tipo de lecturas. Debo llegar a mi objetivo»

Puedo poner cara a lectores de los dos tipos. Pero como otras tantas decisiones que tomamos a diario, donde nada es blanco o negro, parece que el enfoque más razonable parece estar a medio camino entre los dos puntos de vista anteriores. Disfrutar de los libros e improvisar la lectura de un nuevo ejemplar no está reñido con poner un poco de orden y hacer una selección inteligente de los libros que devoraremos en los próximos meses.

2. ¿Cuántos libros puedes leer en tu vida? Sé selectivo

Esqueleto leyendo¿Por qué creo que es interesante planificar y organizar mínimamente nuestras lecturas de libros? Principalmente porque el número de páginas que podemos leer en nuestras vidas es limitado, y si hacemos algunas cuentas, nos sorprendería conocer la cantidad de ejemplares que podríamos terminar antes de decir adiós a este mundo. Y ya avanzo que no son tantos.

Siempre alardean de tener 5000 libros almacenados en su e-book aquellos que probablemente no leen con demasiada frecuencia. Quien lo hace regularmente, sabe que 5000 son muchos libros. Si una persona lee un libro al mes, 12 año al año de media, en 50 años habrá logrado terminar 600 obras; algo impensable teniendo en cuenta los resultados de recientes estudios sobre hábitos lectura entre la población. Con estos números a la vista, no cabe duda de que hay que ser un poco más selectivo con lo que leemos.

3. ¿Cuál es tu próxima lectura? Elige bien

SiguienteElaboro todos los años una lista de «siguientes lecturas», que simplemente me sirve de referencia y que por supuesto acabo modificando cuando aparece una obra a la que no me puedo resistir. Una lista inicial de libros siempre presente, consigue evitar muchas veces la elección impulsiva de alguna novedad. Sin una lista es posible que olvidemos grandes obras que tenemos esperando en el estante.

No hay nada malo en salirse del guión, pero conviene hacerlo sobre una propuesta inicial de lecturas, que obligue al menos a preguntarnos si tan urgente es ese nuevo libro que ha caído en nuestras manos. Si por motivos personales o profesionales realmente tiene prioridad, adelante con la página uno. El resto de libros simplemente bajará una posición en el orden de lectura. Al fin y al cabo, las reglas están para romperse, y no hace falta ser tan estricto. La lectura hay que disfrutarla y es importante encontrar el equilibrio entre improvisación y organización del que he hablado en el primer punto.

4. Abre tus círculos: comparte lo que lees

CompartirUna vez preparada la lista de próximas lecturas, una buena iniciativa es compartirla al menos con nuestro círculo más cercano de familia y amigos. No importa el formato: un documento de Word, un e-mail, un WhatsApp o una lista en papel. Es cierto que el compromiso de lectura es personal, pero compartir nuestra lista de libros con otras personas siempre es positivo. Es habitual que lleguen aportaciones en forma de recomendaciones de otros libros o ánimos para no abandonar tus lecturas.

Además, las redes sociales nos lo ponen ahora en bandeja. Podemos publicar nuestra lista en Facebook, en Twitter o en Instagram, para unos pocos en un entorno más familiar o públicamente para el mundo entero, incluidos los propios autores de las obras que leemos. De hecho, muchos escritores son usuarios activos en ese tipo de redes sociales (y son ellos mismos los que publican). Además no es extraño que alguno conteste a alguna mención de sus lectores sobre su obra en Internet, algo que siempre hace ilusión, impensable antes de la era digital.

Yo decidí publicar mi lista en una wiki que mantengo desde hace algunos años. Allí está en permanente construcción un pequeño rincón de lectura, con listados de los últimos libros que he leído recientemente, los que pretendo leer y los que me tienen atrapado actualmente. Y he conseguido el orden de lecturas que pretendía. Objetivo cumplido.

5. Lecturas productivas: todo es cuestión de hábito

RelojTodo es cuestión de hábito. Y con la lectura lo es especialmente. Hay quien aprovecha los fines de semana para hacer verdaderas maratones de lectura. Y no les va mal: a final de mes han leído el mismo número de páginas o más que quienes lo hacen con más regularidad, dedicando un tiempo fijo al día. «Cada maestrillo tiene su librillo», y también sus horarios, y no seré yo quien venga a deshacer las costumbres de los buenos lectores.

Sin embargo, yo prefiero las lecturas constantes, a diario y con horario más o menos fijo. Para quienes no tengan el hábito de lectura muy desarrollado, quizá este sea la mejor forma de adquirirlo. Nadie puede afirmar no tener unos minutos al día para la lectura. Probablemente cuenta con ellos, pero los invierte en otras actividades. Un buen sistema es uno establezca un mínimo diario: al menos un poco cada día, paso a paso, granito a granito.

Luego también podremos aprovechar distintos momentos del día para avanzar en nuestra lecturas, pero esos minutos extras serán ya de regalo. Piensa un momento en los tiempos que desaprovechamos, en los que no hacemos nada salvo esperar: los trayectos en transporte, las esperas para una cita médica o en la cola de la administración. Cualquiera de esos huecos es una oportunidad para sumar algunas páginas. Y para poder exprimir bien esos ratos improductivos, no queda otra que tener también la buena costumbre de llevar siempre nuestro libro o e-book con nosotros. Como digo, cuestión de hábitos.

6. Encuentra tu motivación (la que sea)

MotivaciónLeemos por placer, pero también para aprender, a veces por curiosidad y otras por necesidad. Lo importante es que uno encuentra su motivación personal para abrir un libro y dejarse enredar entre sus páginas.

Muchos asocian leer con devorar la última novela «best seller». Sin embargo hay muchísimos otros géneros que habitualmente se dejan fuera de las opciones y con los que posiblemente uno se sienta más cómodo leyendo. Narrativa, poesía, teatro, novela policiaca, de terror, histórica y de aventuras, de ciencia-ficción, fantasía, novela romántica, libros de arte, de música, de historia, política, de divulgación científica, de empresa, informática, de gastronomía, de salud y deporte. Solo se trata de buscar nuevas lecturas en otros géneros. Y cuando se trata de descubrir otras categorías de libros, mantener una lista de lecturas y poder explorar las de otros lectores se vuelve imprescindible.

Es posible que en nuestro círculo de amistades o familiar no encontremos la variedad de gustos necesaria para encontrar nuevas lecturas. Es aquí donde Internet tiene mucho que aportar. Por ejemplo, la red social Goodreads, una «comunidad de catalogación», reúne a millones de lectores de todo el mundo que comparten sus gustos, publican reseñas y el progreso de sus lecturas. En esta red, disponible también como aplicación móvil, podemos encontrar la ficha de cualquier libro de cualquier género y consultar las valoraciones y opiniones de quienes han tenido la oportunidad de leerlo. También permite organizar listas personalizadas de libros, para marcar el estado de lectura de un libro y clasificarlo según nuestro propio criterio.

Goodreads también ofrece la opción de unirse a un reto de lectura. Siempre es divertido iniciar algún desafío de este tipo e incorporar un componente lúdico (la popular «gamification» en inglés) al progreso de lectura de nuestra lista de libros.

7. Busca otra excusa que no sea «no tengo tiempo»

Dos librosVolvemos a los números. Si un adulto es capaz de leer una media de 250 palabras por minuto, y suponemos que una página de un libro contiene ese número aproximado de palabras, la persona será capaz de leer unas 30 páginas en 30 minutos, quizá algunos más. Y creo que media hora de lectura al día es un objetivo bastante razonable, asequible para cualquier mortal. Otra cuestión es el hábito, la constancia… Así que, si seguimos haciendo números, un adulto en un mes podría leer fácilmente unas 900 páginas, dedicando apenas minutos de su jornada. Y para una extensión media de una obra, un total de 900 páginas pueden ser perfectamente 2 o 3 libros al mes. Y asumiendo que algún día hemos faltado a nuestra cita con los libros, podemos dejarlo en 2 libros al mes. En un año: 24 libros. Definitivamente no puede terminar el año y decir que no pudimos leer ningún libro. Así que busca otra excusa que no sea «no tengo tiempo».

Hazlo hoy, en 5 pasos:

  1. Ve allí donde guardas tus libros
  2. Elabora una lista de lecturas pendientes
  3. Toma el primer libro de la lista
  4. Ábrelo por la primera página
  5. Empieza a leer.

¡Feliz lectura!

Divide (tu tiempo) y vencerás

No siempre es sencillo planificar toda una jornada un trabajo, sobre todo si en el día se presentan momentos en los que no podemos avanzar nuestras tareas. Suelen venir en forma de reuniones o interrupciones inesperadas. En estos casos, si hemos sido organizados y contamos con una lista de tareas, entonces jugamos con un poco de ventaja: al menos sabemos qué tenemos que hacer. Si por el contrario esta lista ni existe, difícil será decidir por dónde empezar, y quizá elijamos una primera tarea por intuición. Y seguramente cuando hayamos empezado, recordaremos la tarea a la que realmente deberíamos estar dedicando nuestro tiempo. Y de esto último, apuesto que no le sobra a nadie.

Concreta qué vas a hacer: la lista de tareas

Los métodos que propongo y también las aplicaciones que sugiero, tienen sentido solamente si disponemos de una lista muy concreta de tareas. De otro modo, estaremos dando palos de ciego, avanzando trabajo que seguramente no es ni el más importante ni el más urgente, porque inconscientemente estaremos eligiendo las tareas que más nos apetece abordar; las más fáciles, las más entretenidas o las más mecánicas. Con un grupo de tareas por escrito y bien definidas, podemos tomar buenas decisiones y organizar una buena sesión de trabajo, incluso cuando la motivación por terminar algunas de ellas es nula. Una técnica que puede funcionar es la de trabajar por bloques de tiempo, y hay varias programas y aplicaciones móviles que pueden echarnos una mano para integrar estos métodos en nuestro modo de trabajar. La división del trabajo en bloques de tiempo es un método que podemos llevar a cabo a distintos niveles.

Trocea tus acciones: 1 tarea = varios bloques

Piezas de Lego

En este primer nivel de organización, cada bloque es un fragmento, una acción concreta de una tarea. En ocasiones nos enfrentamos a una tarea que requiere varias horas de dedicación. Lo habitual es sentarse y empezar, sin prestar atención el reloj. Siempre cuesta arrancar, pero es posible también que pasados unos minutos, estemos tan inmersos en el trabajo que perdamos la noción del tiempo y nos demos cuenta que llevamos un par de horas, aunque sin haber exprimido bien los minutos. Y es que más tiempo no significa siempre mayor calidad del trabajo. También hay que aprender a parar.

Las interrupciones no siempre son negativas, sobre todo si somos nosotros quienes las planificamos. No solo las personas necesitan descanso; a veces las propias tareas necesitan reposo y conviene dejar de atenderlas durante un tiempo. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Son las ocho en punto

Son las ocho en punto y os doy la bienvenida a este es blog sobre tecnología y organización personal. Existe en el mercado infinidad de soluciones informáticas que pueden hacernos el trabajo un poco más fácil. En este espacio pretendo compartir estas experiencias.

La tecnología en general y la informática en particular, han instalado en nuestras vidas nuevos hábitos. Si bien es cierto que algunos nos hacen perder el tiempo, otros sin embargo, bien adquiridos, pueden suponer nuevas formas de resolver los problemas del día a día. El planteamiento es simple: si con el uso de un programa informático tardamos menos en realizar una tarea o mejoramos nuestra organización personal, ¿por qué no incorporarlas a nuestra rutina?

A todos nos interesa poder realizar las tareas de forma más eficiente para poder disponer de más tiempo y dedicarlo a lo que realmente es importante. En muchos casos la tecnología puede ser una aliada en eso que llaman la «gestión del tiempo», que no existe como tal, porque el tiempo es el que es y nunca podremos estirarlo o comprimirlo, por mucho que nos empeñemos en ello. Lo que sí podemos hacer es mejorar la forma en que hacemos la cosas.

El tiempo es nuestro activo más valioso, a pesar de que tendemos a desperdiciarlo, matarlo y gastarlo en vez de cuidarlo e invertirlo.

Muchas de las mejoras implican cambiar algún hábito, más que incorporar una nueva herramienta informática. Inevitablemente, en este blog se mezclarán muchas veces ambas cosas. Hay que hablar de tecnología, pero aplicada a la organización personal, y esto son hábitos y técnicas, que nada tienen que ver con el mundo digital.

La palabra «informática» procede de la combinación de las palabras «información» y «automática». Y en el ámbito de la organización personal de eso se trata precisamente: de conseguir automatizar la mayoría de tareas para conseguir cierto orden, y si es posible también ganar algo de tiempo para otros quehaceres. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…