Cold Turkey Writer: atrapado en un editor de texto

En alguna ocasión anoté en mi lista de tareas «instalar y probar editor Cold Turkey» con la intención de utilizar el programa cuando tuviera algo más de tiempo. Si me parecía interesante, publicaría alguna reseña sobre él. Y en ello estoy: abriendo la aplicación por primera vez y casi obligado a escribir ya la reseña de lo que estoy viendo. Tampoco tengo muchas más opciones. Estoy atrapado en el programa.

Cold Turkey Writer es un editor para escribir sin distracciones. Y de momento (es decir, ahora mismo mientras escribo esta líneas) está cumpliendo su función principal. He instalado el programa hace unos segundos para probar su funcionamiento y al empezar un nuevo proyecto, ha aparecido un mensaje ofreciendo tres opciones. Dos de ellas permiten bloquear cualquier función del sistema que no sea el propio editor Cold Turkey Writer. La tercera permite trabajar sin ningún tipo de limitación. El primer tipo de bloqueo se desactiva cuando hayamos escrito con el editor un mínimo número de palabras que nosotros mismos especificamos. Con el segundo tipo de bloqueo podemos establecer un tiempo mínimo durante el cual deberemos estar escribiendo (o dejando pasar el tiempo, claro). Transcurrido ese tiempo límite, el editor habilitará de nuevo todas las funciones del sistema. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Comunicación multilingüe y eficaz con Microsoft Translator

El español es una lengua viva. Ya lo sabíamos, pero lo confirma el informe que elabora cada año el Instituto Cervantes y que aporta algunas cifras interesantes sobre el español en el mundo. En 2019, casi 483 millones de personas tienen el español como lengua materna. Además, es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, tras el chino mandarín, y la tercera lengua en un cómputo global de hablantes, después del inglés y del chino. Y el español es, evidentemente, la lengua en la que escribo en este blog.

Es cierto que el inglés se ha impuesto desde hace muchos años como lengua de «intercambio» en muchas situaciones comunicativas, desde trabajar en un equipo internacional hasta pedir un menú en un restaurante cuando estamos de viaje en un país extranjero. Casi de forma inmediata y más o menos natural, el inglés será seguramente nuestro recurso para poder comunicarnos, por ejemplo, con un sueco o un japonés. Asumimos que será más probable que hablen inglés que español.

Hoy hablamos de lenguas en este artículo y de cómo podemos utilizar la informática, y concretamente la traducción automática, para comunicarnos eficazmente en situaciones, digamos complicadas, lingüísticamente hablando. Hoy os presento la app Microsoft Translator con todo su arsenal de funciones de traducción integradas. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Clac, clac, clac: nostalgia por aquellas máquinas de escribir tan productivas

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que tecleaste algo con una de aquellas Olivetti? Y para no pocos lectores quizá la pregunta sea si han utilizado alguna vez una máquina de escribir. En la historia ha habido marcas míticas. Muchos escritores, lógicamente las utilizaron. Isaac Asimov escribía con una IBM Selectric y dicen que tenía una en cada uno de sus apartamentos para no tener que cargar con ellas. Ernest Hemingway utilizaba una Underwood Noiseless Portable. Agatha Christie empleaba una Remington Home Portable No. 2. para escribir sus novelas y la escritora Danielle Steel sigue escribiendo actualmente con una 1946 Olympia manual. Merece la pena leer un post suyo de 2011, «21st Century», lamentándose de sus problemas con la tecnología moderna.

Y cuando hablo de estas máquinas de escribir legendarias, me refiero a los modelos mecánicos, porque con el tiempo fueron apareciendo versiones electrónicas, algunas con diminutas pantallas e incluso con opción de borrado. En cualquier caso, creo que todo el mundo ha oído hablar o al menos ha tenido la oportunidad de ver una máquina de escribir, aunque haya sido en el trastero de una familiar o en alguna película. Todo el mundo está de acuerdo en que algo tienen de especial.

Ahora estas máquinas deben caer seguramente en la categoría vintage. Apostaría lo que fuera a que todavía hay algún nostálgico que las utiliza. Y para los nostálgicos es este artículo. La máquina y tú. Escribir y solo escribir. ¡Clac, clac, clac!

Máquinas de escribir con limitaciones… muy productivas

En la actualidad estamos ya más que habituados a utilizar un procesador de textos en nuestro ordenador. Con él podemos crear documentos utilizando un catálogo casi infinito de tipografías, diferentes tamaños de letras y variedad de colores. Y podemos componer el texto de mil formas: a doble columna, con el texto en cualquier dirección, etc. Y todas estas funcionalidades son precisamente la trampa productiva de los procesadores de texto.

Nada de esto era posible con las antiguas máquinas de escribir y, sin embargo, tenían su encanto. De hecho, si por casualidad nos encontramos con una, no podemos evitar la tentación de teclear con ella. Será el ruido: ¡clac, clac, clac! O será la letra imperfecta impresa en el papel a golpe de tipos. Curiosamente, no las recordamos negativamente, destacando sus limitaciones. ¡No podíamos borrar! (al menos con los primeros modelos).

Con la máquina de escribir no era posible rectificar lo que ya había sido impreso en el papel, así que no quedaba otra que pensar bien lo que se iba a escribir. Cada pulso de tecla era definitivo. Insisto: había que pensar bien antes de escribir… ¡Qué pronto perdimos esa buena costumbre! Y qué pronto la reemplazamos por una peor: escribir y rectificar, en bucle, aplicando la técnica de prueba y error. Lo que en principio iba a ser una virtud en los procesadores de textos informáticos, al final creo que ha terminado siendo un obstáculo. Al menos, si nuestra tarea es exclusivamente la de redactar un texto, no estoy demasiado seguro de que escribir con Microsoft Word o un programa similar sea mucho más productivo que utilizar una máquina de escribir. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…