12 meses, 12 hábitos, 12 reglas [2020/2021]

Por segundo año, vuelvo con el reto de desarrollar 12 hábitos durante 12 meses. El año pasado os contaba que yo soy de septiembre y que, aunque muchos prefieren marcar en su agenda el 1 de enero como el primer día de un periodo de 12 meses, yo, sin embargo, prefiero septiembre para empezar con propósitos, proyectos personales y cambios de hábitos. Más por tradición que por profesión, mi año empieza con el curso académico. En septiembre es cuando llego con las pilas cargadas, con energía suficiente para dar forma a esas ideas que he ido esbozando durante el verano.

Nuevos hábitos y nuevas lecturas

Especialmente este año no debe ser una excepción. Estamos viviendo un 2020 realmente complicado, pero quizá septiembre sea un buen momento para intentar, en la medida de lo posible, volver a retomar algunos hábitos perdidos, cambiar otros y adquirir algunos nuevos. Con ello quizá consigamos poner algo de normalidad allí donde más falta hace.

Agosto o principios de septiembre suele ser el tiempo en el que suelo revisar a fondo estas cuestiones como parte de la preparación de los siguientes doce meses. Básicamente dedico un tiempo a confeccionar una lista muy simple con aquellos hábitos que me gustaría desarrollar, cambiar, eliminar o mejorar y dejo por escrito algunas ideas sobre cómo pretendo ir haciéndolo. Suelo anotar la lista de hábitos con los que conviene comenzar y decido la frecuencia con la que voy a llevar a cabo cada uno de ellos. Porque hay hábitos diarios y otros de carácter semanal.

Si pensamos en ello, son muchos los hábitos que hemos adquirido en nuestra vida. Unos son buenos hábitos, otros no tan positivos e inevitablemente también los hay malos, o muy malos. Lo importante es que, con el tiempo, seamos capaces de sustituir las malas prácticas por otras mejores para nuestra salud, nuestra organización personal, nuestro trabajo o nuestras relaciones familiares y sociales. Veremos que hay muchos ámbitos que merece la pena no dejar fuera.

Una planificación muy estricta para el desarrollo de hábitos suele desembocar en fracaso y abandono. Así que con la idea de que «menos es más», siempre es mucho más efectivo seleccionar unos pocos hábitos y trabajar a fondo con ellos de forma progresiva y siendo flexibles al ponerlos en práctica.

Siempre recomiendo acompañar estas nuevas prácticas con alguna lectura sobre el tema. «Hábitos atómicos» de James Clear es uno de los últimos libros que he leído sobre este interesante mundo de los hábitos. El autor explica cómo pequeños cambios en nuestras rutinas pueden dar resultados extraordinarios. En la sinopsis podemos leer:

A menudo pensamos que para cambiar de vida tenemos que pensar en hacer cambios grandes. Nada más lejos de la realidad. Según el reconocido experto en hábitos James Clear, el cambio real proviene del resultado de cientos de pequeñas decisiones: hacer dos flexiones al día, levantarse cinco minutos antes o hacer una corta llamada telefónica.

Clear llama a estas decisiones “hábitos atómicos”: tan pequeños como una partícula, pero tan poderosos como un tsunami. En este libro innovador nos revela exactamente cómo esos cambios minúsculos pueden crecer hasta llegar a cambiar nuestra carrera profesional, nuestras relaciones y todos los aspectos de nuestra vida.

También es conocido el libro de Charles Duhigg: «El poder de los hábitos». El autor presenta los descubrimientos científicos que explican por qué existen los hábitos, cómo nos condicionan y cómo cambiarlos. Según Duhigg, «la clave para hacer ejercicio con regularidad, perder peso, ser más productivo y conseguir el éxito consiste en entender el modo en que funcionan los hábitos».

Quizá, el hábito de leer (o releer) puede ser uno de los 12 que quieras incorporar este año, ya sea leyendo un número de páginas o durante un tiempo determinado cada día. Y puedes empezar, por ejemplo, con algún libro sobre el desarrollo de hábitos.

12 meses, 12 hábitos

Durante este curso me he propuesto el reto de trabajar 12 hábitos durante 12 meses siguiendo 12 reglas muy concretas. En esta ocasión todos son hábitos diarios y el objetivo no es otro que poner en práctica los 12 cada mes, siempre permitiendo cierto margen. Sin embargo, cada mes estará dedicado a un hábito concreto que deberé cumplir a diario sin excepción.

Comento a continuación las 12 reglas que planteo en el reto y que permiten definir y concretar los hábitos, así como hacer un correcto seguimiento: Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Nueva lectura, nuevo viaje: la aventura de releer un libro

Estos últimos días de verano estoy aprovechando para volver a leer Getting Things Done. De hecho, no es la primera vez que releo este libro de David Allen; Organízate con eficacia en su versión en español. Pero no es ni la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que reviso la metodología GTD. Releer no es algo que suela hacer a menudo, pero tampoco es nada extraño. De hecho, es una práctica interesante por varios motivos. Alguno habrá que diga que releer no es productivo, que recorrer el mismo texto dos veces es una pérdida de tiempo. Disculpen que disienta; releer puede ser muy enriquecedor. Además, hay libros que habría que volver a leer casi por obligación.

Efectivamente, podemos volver a leer una obra simplemente por volver a disfrutar del viaje; por puro placer, por qué no. Nos apetece y nos ponemos a ello. Sobre todo, si se trata de ficción, es posible que nos apetezca volver a visitar algunos lugares o revivir algunos diálogos. Pero incluso, después de una nueva lectura de la obra, habremos vivido una nueva experiencia, como cuando volvemos a visitar una ciudad después de un tiempo y se trata de un viaje completamente distinto.

Releer un libro es leer una obra nueva. Nuestra madurez en una etapa determinada de nuestra vida, nuestras experiencias y los conceptos aprendidos entre una lectura y la siguiente influyen mucho en nuestra lecturas. No es lo mismo leer El Quijote con 16 años que hacerlo con 35. No somos la misma persona que hace una década. Por ejemplo, hace una década que leí Getting Things Done y todas las veces que lo he leído, ha sido con una perspectiva diferente, aprendiendo y aplicando los conceptos de un modo distinto y mejor. «Cuando uno se hace viejo, gusta más releer que leer», decía Pío Baroja.

También podemos releer una obra porque nos apetece hacerlo en otra lengua, quizá en su versión original. Es posible que durante el tiempo que ha pasado desde la última lectura hemos mejorado nuestra competencia lingüística en la lengua en la que el autor escribió la obra. Puede ser una buena oportunidad para capturar ciertos matices que no estaban presentes en la traducción del texto; o quizá simplemente queremos leer el libro en otra lengua con el único propósito de seguir practicando un nuevo idioma que estamos aprendiendo. Y conocer la obra de antemano ayuda en este proceso porque ya conocemos la historia que se desarrolla o las ideas que presenta.

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Volveremos a las cafeterías, a las bibliotecas y a las calles

Elige una tarde cualquiera, un sillón en casa (supongo que el de siempre) y un libro. Las gotas de lluvia golpeando levemente tras el cristal de la ventana; elige también eso. Incluso una tormenta sirve de banda sonora para la historia que tenemos entre las manos. Todo esto parece una escena sacada de una película, o de un libro, pero no es la primera vez que la interpretamos en casa, ¿verdad?

O una mañana de fin de semana, entre las ocho y las diez, y no por decir, porque antes es madrugar y las once ya es un poco tarde para un desayuno. Nuestra cafetería de siempre, concurrida, también como siempre; pero no mucho. Gente conversando, pero con el volumen justo y necesario. Porque un tono más alto siempre molesta; pero el ruido es casi imprescindible en bares y cafeterías, que al fin y al cabo son lugares de encuentro, con otras personas o con uno mismo. Cafeteras echando humo, tazas y cucharillas en movimiento y otros ruidos imprecisos. Acompañados o solos, no frecuentamos las cafeterías para no encontrarnos con nadie. El silencio aquí siempre incomoda.

Y, ¿qué me decís de una tarde de estudio en una biblioteca? Un buen número de estudiantes tendrá bastante más reciente esta escena, pero seguramente todos recordamos (o al menos somos capaces de imaginar) una experiencia similar. Sentados frente a un libro, un silencio que no es silencio, que nos tensa hasta que oímos una página pasar; quizá la nuestra. Alguien cruza el pasillo buscando un libro. Un bolígrafo y un rotulador se alternan sobre la mesa de quien tenemos al lado. Y este ruido que no es ruido nos mantiene despiertos para seguir con nuestra lectura. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Teletrabajar desde casa: 8 consejos para trabajar a distancia de forma efectiva (y sensata)

Soy profesor de Informática en Secundaria y, por la terrible situación que nos está tocando vivir, desde hace ya varios días estoy trabajando desde casa. Este modelo de educación a distancia ya estaba inventado, pero no es lo mismo hacer un «simulacro» que empezar a trabajar al cien por cien con este modelo. Teletrabajo, trabajo a distancia o trabajo remoto. Cualquiera de estos nombres nos vale.

El nuevo escenario es que yo estoy en mi casa y mis alumnos en las suyas. Y este nuevo esquema tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes, y no todos tienen que ver con el trabajo en sí, sino con el hecho de que trabajo y hogar se ven obligados a compartir espacio y tiempo.

Teletrabajar desde nuestro hogar no es nada sencillo. En este contexto de trabajo a distancia, nuestra vida personal y profesional se entremezclan fácilmente y la tarea de establecer rutinas en los dos ámbitos resulta cuando menos complicada. En casa compartimos espacio y horarios con nuestra familia. Además, aparecen distracciones que no tenemos en una oficina convencional.

Esta infografía presenta ocho recomendaciones básicas para teletrabajar desde nuestro hogar de forma sensata. Si recientemente nos hemos visto obligados a establecer nuestra oficina virtual en casa, es fundamental rediseñar tiempos y reorganizar los espacios, siempre respetando nuestros horarios, los laborales, pero sobre todo los familiares y personales. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Desarrolla tus hábitos y alcanza tus objetivos con Coach.me

En diciembre del año pasado, hace apenas unos días, propuse un reto para 2020 que consiste en trabajar 12 hábitos durante 12 meses siguiendo 12 reglas muy concretas. Y para hacer un correcto seguimiento, compartí una plantilla en la que poder ir registrando nuestro progreso. La idea es imprimir el documento para colgarlo en algún lugar visible en casa, de modo que sea un constante recordatorio para que vayamos marcando el éxito o fracaso diario con el reto. Sé que el papel no es para todos, y alguno prefieren el modo digital para ir anotando sus avances con este desafío.

Existen decenas de aplicaciones móviles para el seguimiento de objetivos y hábitos. Las hay muy sencillas y también sofisticadas. Las hay gratuitas y también de pago; y de este último tipo aparecen cada vez más con un modelo de suscripción mensual o anual para poder utilizar todas las funciones. En los últimos años he probado varias apps y, curiosamente, al final he terminado utilizando una de las primeras que empecé a usar. Se llama Coach.me, es gratuita, sencilla de utilizar y cumple con su función principal: registrar nuestros hábitos. Una opción perfecta para hacer un seguimiento del reto «12 meses, 12 hábitos».

El equipo de Coach.me sostiene que no se puede mejorar aquello que no se puede medir. Y estás son algunas de las funciones que incorpora para este propósito de registrar y cuantificar nuestro progreso con nuevos hábitos: Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

12 nuevos hábitos en 2020

En agosto de este año que ya termina publiqué el artículo «12 meses, 12 hábitos, 12 reglas». En él os proponía el reto de trabajar 12 hábitos durante 12 meses siguiendo 12 reglas muy concretas. Lancé la iniciativa a finales de verano porque para muchos septiembre es el mes de los nuevos propósitos, proyectos personales y cambios de hábitos. Yo soy de septiembre. Sin embargo, en enero llegan también los propósitos de Año Nuevo y por tanto es el mes perfecto para lanzar de nuevo el proyecto.

Recuerdo el formato del reto: se trata de hábitos diarios y el objetivo no es otro que poner en práctica los 12 cada mes, siempre permitiendo cierto margen. Sin embargo, cada mes estará dedicado a un hábito concreto que debemos cumplir a diario sin excepción.

Comento brevemente las reglas, que también aparecen resumidas en la infografía al final de este artículo. En el post original encontrarás información ampliada sobre las normas del reto. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

12 meses, 12 hábitos, 12 reglas

Yo soy de septiembre. Otros muchos prefieren marcar en su agenda el 1 de enero como el primer día de un nuevo año lleno de propósitos, proyectos personales y cambios de hábitos varios. Yo, sin embargo, como decía, soy más de septiembre. Por tradición más que por profesión, lo cierto es que el inicio del curso académico es el que marca también una nueva etapa. Entre otras cosas porque es en septiembre cuando llego con las pilas cargadas, con energía suficiente para dar forma a esas ideas que he ido esbozando durante el verano.

Nuevo curso, nuevos hábitos

Este «año» no es una excepción. Más que proyectos nuevos (que algo hay), se avecinan cambios de hábitos. O al menos la intención de cambiarlos. Suele ser durante el mes de agosto cuando suelo revisar a fondo estas cuestiones como parte de la preparación de los siguientes doce meses.

Básicamente dedico un tiempo a confeccionar una lista muy simple con aquellos hábitos que me gustaría desarrollar, cambiar, eliminar o mejorar y dejo por escrito algunas ideas sobre cómo pretendo ir haciéndolo. Suelo anotar la lista de hábitos con los que conviene comenzar y decido la frecuencia con la que voy a llevar a cabo cada uno de ellos. Porque realmente hay hábitos diarios y otros de carácter semanal.

Si nos paramos a pensar, son muchos los hábitos que hemos adquirido en nuestra vida. Unos son buenos hábitos, otros no tan positivos e inevitablemente también los hay malos, o muy malos. Lo importante es que, con el tiempo, seamos capaces de sustituir las malas prácticas por otras mejores para nuestra salud, nuestra organización personal, nuestro trabajo o nuestras relaciones familiares y sociales. Veremos que hay muchos ámbitos que merece la pena no dejar fuera.

Una planificación muy estricta del desarrollo de hábitos suele desembocar en fracaso y abandono. Así que con la idea de que «menos es más», siempre es mucho más efectivo seleccionar unos pocos hábitos y trabajar a fondo con ellos de forma progresiva y siendo flexibles al ponerlos en práctica.

12 meses, 12 hábitos

Durante este curso me he propuesto el reto de trabajar 12 hábitos durante 12 meses siguiendo 12 reglas muy concretas. En esta ocasión todos son hábitos diarios y el objetivo no es otro que poner en práctica los 12 cada mes, siempre permitiendo cierto margen. Sin embargo, cada mes estará dedicado a un hábito concreto que deberé cumplir a diario sin excepción.

Comento a continuación las 12 reglas que planteo en el reto y que permiten definir y concretar los hábitos, así como hacer un correcto seguimiento: Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Está desordenado… y lo sabes

Me disponía a terminar alguno de los posts que tengo en estado borrador, en concreto sobre alguno de los temas relacionados con el orden digital. Ya sabéis: organización de los datos en archivos y carpetas, cómo sacarle partido a algunas aplicaciones para crear y organizar notas, aplicaciones para la gestión de tareas, etc. Incluso había pensado empezar un nuevo artículo, a partir de esas ideas sin hilar que tengo a la espera en un verdadero cajón de sastre (y digital). Pues ni una cosa ni la otra.

Sentado frente a ordenador, mientras consultaba los borradores y la lista de notas para futuros artículos del blog, observaba que había cosas en mi escritorio (físico) que no estaban en su lugar, o no del todo organizadas. ¿Por qué tengo tantos bolígrafos a mano? ¿Los necesito todos? ¿Funcionan todos…? ¿Por qué tengo objetos sobre la mesa que no utilizo? Estoy viendo los archivadores y me pregunto si todo está dentro clasificado como debería. Y miro también las bandejas apiladas, tres concretamente, que utilizo como inbox de documentos y otros papeles, y que todavía no he procesado.

Y solo he fijado mi atención en la parte visible de mi zona de trabajo. ¿Están el resto de cosas organizadas convenientemente en la habitación? ¿Y en el resto de la casa? De pronto, dentro del orden relativo que puedo encontrar en mi zona de trabajo, he sentido cierto caos, que he necesitado empezar a solucionar. ¿Cómo voy a escribir y aconsejar sobre los beneficios de mantener un orden digital si el orden físico, que es básico, no está resuelto? De algún modo, saber que hay algo físico que no está en orden ocupa también espacio en nuestra cabeza, y también lo hace de forma desordenada. Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…

Reconectar tras las vacaciones

En tiempo de vacaciones es habitual hacer un esfuerzo extra por desconectar de la rutina diaria en general, y del trabajo en particular. Algunos ponemos especial empeño avisando a nuestro entorno personal y de trabajo que no estaremos disponibles durante varios días. Tanto es así que, para no caer en la tentación (o en la trampa), incluso desinstalamos las aplicaciones móviles que nos puedan mantener atados al trabajo o a rutinas personales diarias de las que también necesitamos alejarnos. Desconectar no solo es recomendable, sino necesario.

En el mejor de los escenarios de descanso, durante las vacaciones hemos estado de viaje, al menos lejos del hogar habitual, sin tener que afrontar las tareas propias que exige una casa, o menos preocupados por ello. Además, en este ambiente ideal de desconexión, no hemos tenido acceso a nuestro ordenador personal y a un televisor, por lo que hemos tenido la suerte de limitar la cantidad de información que nos bombardea cada día. Y quizá menos probable, en unas vacaciones de absoluta desconexión digital, no hemos conectado a Internet con ninguno de nuestros dispositivos, voluntaria o involuntariamente.

En cualquier caso, si hemos disfrutado de unas vacaciones relativamente analógicas y ya estamos de vuelta, es momento de reconectar y volver a la realidad, que, por cierto, también está muy bien. Habrá muchas cosas que se irán «encendiendo» automáticamente, que no dependen de nosotros y que habrá que ir asimilando. Otras, sin embargo, están totalmente en nuestra mano y convendrá ir «enchufándolas» poco a poco. Qué prisa hay.

En mi caso, después de un tiempo de desconexión, me he estado planteando una vez más la mejor forma de ir volviendo a la rutina. Como de costumbre, he decidido hacerlo progresivamente, dando prioridad a lo que realmente importa. Escribir un post sobre este tema no era una urgencia, pero ayuda a organizar ideas y todo lo que tiene que ver la organización al menos es importante.
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Tus libros en orden con Goodreads

¿Cuántos libros tienes en las estanterías de tu casa? ¿Qué libro te tiene atrapado en estos momentos? ¿Cuáles has prestado? ¿Cuántos libros tienes en formato papel y cuántos en formato electrónico? ¿Qué cinco libros están en tu lista «próximamente»? ¿Cuál es el género principal de los libros de tu colección? ¿Qué libros fueron un regalo?

Todas estas preguntas se podrían resumir en una: ¿tienes en orden tus libros y lecturas? Por «libros» me refiero a los objetos físicos (sí, también los e-books). Por «lecturas» me refiero a lo verdaderamente importante: al proceso de leer, el estado de las lecturas, su organización y planificación.

Muchos lectores, especialmente aquellos con perfil de comprador compulsivo en librerías, evitan a toda costa responder a «la gran pregunta»: ¿sabes cuántos libros tienes en casa por leer? Seguramente muchos desconocen el dato. Y en materia de libros, al menos deberíamos saber qué títulos tenemos en casa y, sobre todo, cuántos por leer. Por cierto, dato interesante sería saber el porcentaje de libros de nuestra colección que no hemos leído todavía…

Un primer vistazo a Goodreads

Goodreads puede ser de gran ayuda para poner un poco de orden, virtualmente hablando, en nuestra colección de libros. Además, el hecho de implantar algún tipo de organización digital a nuestra biblioteca personal, implica hacerlo también físicamente. Así que podemos aprovechar doblemente esta actividad de organización. Pero, ¿qué es Goodreads? Sigue leyendo. El artículo no termina aquí…